El agro y la economía circular

Escribe Carlos Becco

21/08/2022 –  Clarín.com  –  Rural

Desde muy pequeño, la economía del campo me despertaba una fascinación profunda. Mucho, muchísimo antes que conceptos como economía circular o sustentabilidad fueran habituales, me maravillaba comprobar cómo en el campo se vivía en armonía con la naturaleza. Me apasionaba comprobar cómo el maíz se transformaba en pollos y en huevos y cómo los marlos mantenían encendidas las cocinas económicas y nos calentaban con la ayuda de salamandras de hierro forjado.

Las vacas se ordeñaban bien temprano para darnos una leche tibia que se convertía -con toda su nata (me pregunto cuántos lectores comprenderán esta palabra) – en manteca, en quesos y -luego de interminables horas de cocción- en dulce de leche verdaderamente casero. La bosta, lejos de ser una expresión despectiva, era un preciado abono para las huertas siempre presentes y -todos lo sabíamos- la mejor manera de conservar la fertilidad del suelo era rotarlo con pasturas.

La llegada de la Revolución Verde o su versión vernácula: “la Revolución de las Pampas” como supo bautizarla Héctor Huergo, nos inundó de novedosas tecnologías que multiplicaron la productividad. La siembra directa, la biotecnología, la masiva adopción de fitosanitarios y fertilizantes fueron rápidamente adoptadas por nuestros productores convirtiendo a Argentina en líder mundial en la adopción de las mismas. Su resultado fue tan contundente que hoy las cadenas productivas del agro representan el 60% de las exportaciones de la Argentina.

Cuando en la ciudad nos enorgullecemos porque nos estamos habituando a reciclar y porque la práctica del compostaje o las huertas urbanas comienzan a hacerse más frecuente, el campo nos entrega a diario miles de ejemplos que demuestran que la economía circular en gran escala es posible.

Los granos se siguen transformando en carne, en leche y en huevos, sólo que ahora lo hacemos cada vez en mayor escala y con mucha más eficiencia con la ayuda de inteligencia artificial para asegurar las mejores conversiones.

Ahora, no sólo los marlos sino el maíz entero se convierte en energía de la mano de emprendimientos argentinos. En Pergamino y Venado Tuerto reciben los residuos de la industria del clúster del maíz para convertirlos en energía eléctrica renovable para un país que la demanda con premura. Y este no es un caso aislado, en nuestra pampa comienzan a multiplicarse los biodigestores. Enormes reactores que procesan los desechos biológicos y los convierten en energía limpia y en biofertilizantes gracias a la gestión de solícitos microbios, generando además puestos de trabajo genuinos en las comunidades donde operan.

En un reciente informe del INTA y el ministerio de Agricultura se publicaron los resultados de un relevamiento realizado entre 2020 y 2021, para conocer la real dimensión de las plantas de biogás en Argentina. El trabajo dio como resultado la identificación de 27 en funcionamiento, con volúmenes superiores a 1.000 m3 de reactor. El potencial de crecimiento que tiene la industria del biogás en nuestro país es enorme, si tenemos en cuenta que en Europa hay más de 20.000 plantas de este tipo, transformando los desechos de la agroindustria en energía eléctrica limpia y en biofertilizantes, ambos recursos estratégicos.

Los molestos y desagradables bidones de plástico comienzan a desaparecer del paisaje gracias a una fundación privada -Campo Limpio- impulsada y financiada por la propia industria. Mejor aún, en el futuro este problema será cada vez menos relevante gracias a una reciente solución del SENASA que autorizó la comercialización de fitosanitarios en grandes envases de 1000 litros reciclables. De la mano de empresas B certificadas, el plástico de los blancos silos bolsas se convierte en carteras “fashion” que se comercializan vía Internet.

Pero el agro no sólo recicla sus propios residuos, sino que -cada vez más- aprovecha y reutiliza los de otras industrias. Veamos algunos ejemplos: los residuos industriales de la producción de levadura han dado lugar al fertilizante foliar biológico más vendido del país, mientras los residuos de la industria de la cerveza se convierten en alimentos para el ganado. De la mano de estos productos, diversas empresas se especializan en desarrollar y comercializar estos productos.

Y -como si todo esto fuera poco- incansables emprendedores buscan nuevas oportunidades. Un grupo de jóvenes emprendedores -merced a un acuerdo con la municipalidad de San Isidro- recuperan y procesan el vidrio para luego comercializar este subproducto -a base de silicio- como corrector de suelos y “mulch” para impedir la proliferación de las malezas.

Mucho antes que palabras como economía circular, bioeconomía y sustentabilidad fueran habituales nuestros abuelos utilizaban todos y cada uno de los recursos en armonía con la naturaleza. Hoy sus nietos no olvidamos la lección y tenemos claro que sólo somos temporales administradores de la tierra y que nuestra obligación es entregarla a nuestros hijos en las mismas condiciones que la recibimos.

Fuente: CLARIN