Carpocapsa: una amenaza para las economías regionales de la Patagonia

Por Daniel López, Coordinador Región Patagonia de Casafe –

La Carpocapsa (Cydia pomonella), también conocida con el nombre de gusano o polilla de la pera y la manzana es un insecto que pertenece a la familia de los lepidópteros. Se encuentra en todas las zonas del mundo donde se cultiva manzana y es una de las plagas que más afecta a los cultivos de pera, manzana, membrillo y nogal.

La polilla de la pera y la manzana es considerada, según SENASA, como una plaga bajo control oficial porque provoca grandes pérdidas directas sobre la economía regional (cantidad y calidad de fruta, incremento de costos para su control, etc). También impone limitaciones para el acceso a nuevos mercados.

Las larvas recién nacidas de esta mariposa comen del fruto y penetran en él realizando un camino hacia la semilla. Esto es porque necesitan de los péptidos de la semilla para completar su ciclo: en el año tiene de dos a tres generaciones en la región. Todas dependen de la temperatura para su desarrollo. Por lo tanto, pasan el invierno como larva encapullada, en la corteza del tronco y en el suelo entre la hojarasca. En el mes de septiembre pasan a un estado de pupa, y cuando se cumplen los 180 grados-días emigran los primeros adultos. Mayormente nacen machos en las dos primeras semanas, y luego aparecen las hembras.

¿Cómo se controla la Carpocapsa?

La principal herramienta de control es el Manejo Integrado de Plagas o MIP. Es una buena práctica que implica la utilización adecuada de todas las técnicas de tratamiento y manejo disponibles de los problemas sanitarios que afectan el cultivo.

En el caso de esta polilla, la primera medida que debe seguir un productor es el raspado de troncos. Para eso debe colocar en la base de la planta una lona en la que caigan las larvas encontradas. Otra estrategia de gran resultado es la colocación de bandas de cartón corrugado alrededor de la base del tronco que imitan la corteza. Las larvas acumuladas en cualquiera de los dos elementos se queman para reducir el número de la población.

Una forma muy natural de control, utilizada también en sistemas orgánicos de cultivos, es la colocación de dispensers para el tratamiento mediante el sistema de confusión sexual. Este sistema no permite el encuentro entre el macho y la hembra, impidiendo la fecundación.

Otra acción de MIP es colocar, antes de la floración del cultivo, unas trampas de feromonas, que capturan machos, y/o trampas combo, que capturan machos y hembras. Lo ideal es ubicar una trampa por cada 1,5 Has del cultivo. Si registramos las capturas semanales, es decir la cantidad de mariposas capturadas por semana, podemos trazar una curva y detectar así los momentos claves del ciclo para efectuar los tratamientos sanitarios.

Las trampas de feromonas indican los momentos oportunos de aplicación. En caso de ser necesarios, se comienza con los tratamientos fitosanitarios a los 225 Grados-Días (°D). Esto suele suceder aproximadamente a mediados de octubre, cuando nacen las primeras larvas. A partir de ese momento, se trata de mantener una cobertura permanente en los frutos, variando los principios activos y utilizando productos con distinto modo de acción que minimizan la formación de resistencia en la plaga. Esta cobertura se mantiene hasta el momento en que se cosechan los frutos (en el caso de la manzana puede durar hasta los primeros días de marzo).

En el mes de octubre también se efectúa un raleo de frutos donde se aprovecha a sacar a aquellos que presentan los signos de la galería del ataque, disminuyendo así la presión de la plaga y el porcentaje de daños de frutos a cosecha.

Finalmente, y como parte de las buenas prácticas agrícolas, es importante realizar una buena cosecha. Significa que se debe evitar que queden frutos en la planta para que no se desarrolle la plaga posteriormente.

Cuidemos nuestros cultivos responsablemente, a través de las BPA y de acuerdo con las recomendaciones de los asesores profesionales.