Uruguay acelera su transición verde y apuesta al hidrógeno para liderar la sustentabilidad regional

Mientras gran parte de América Latina debate cómo acelerar la transición energética sin afectar su competitividad, Uruguay avanza con una estrategia que busca posicionarlo entre los países más sustentables del mundo. Con una matriz eléctrica que supera el 90% de generación renovable y una fuerte apuesta al hidrógeno verde, el país vecino se ha transformado en un caso de estudio para gobiernos, organismos internacionales e inversores.

La transformación energética uruguaya comenzó hace más de una década, cuando el país decidió reducir su dependencia de los combustibles fósiles importados y apostar por fuentes renovables. La combinación de energía eólica, solar, hidroeléctrica y biomasa permitió modificar profundamente el sistema eléctrico nacional y disminuir las emisiones vinculadas a la generación de energía.

Pero el desafío actual va mucho más allá de producir electricidad limpia. Uruguay busca ahora descarbonizar sectores complejos como el transporte pesado, la logística y parte de la industria, áreas donde los combustibles fósiles todavía mantienen un peso importante. En ese contexto aparece el hidrógeno verde como una de las grandes apuestas estratégicas del país.

Uno de los proyectos más emblemáticos es Kahirós, considerado el primer emprendimiento de hidrógeno verde para transporte pesado en Uruguay. La iniciativa utilizará energía solar para producir hidrógeno destinado a abastecer camiones que operan en el sector forestal, permitiendo reducir emisiones de carbono y generar experiencia tecnológica local. Según datos del Grupo Banco Mundial, el proyecto podría evitar cientos de toneladas de dióxido de carbono por año.

La estrategia uruguaya también contempla convertirse en exportador de combustibles verdes y derivados del hidrógeno. Diversos estudios estiman que el país posee condiciones naturales favorables gracias a la abundancia de recursos eólicos y solares, además de estabilidad institucional y una infraestructura logística desarrollada. Estas ventajas podrían atraer inversiones millonarias durante las próximas décadas y generar miles de empleos asociados a la nueva economía energética.

Sin embargo, el camino no está exento de desafíos. Especialistas advierten sobre la necesidad de garantizar el uso sostenible del agua, evaluar impactos territoriales y asegurar que los beneficios económicos alcancen a las comunidades locales. También será clave desarrollar capacidades técnicas y marcos regulatorios que acompañen el crecimiento de esta industria emergente.

Paralelamente, Uruguay impulsa iniciativas vinculadas a la electromovilidad, las ciudades inteligentes, la eficiencia energética y la integración entre producción agropecuaria y energías renovables. Incluso avanzan experiencias de agrovoltaica, que combinan generación solar y producción agrícola en un mismo espacio, una tendencia que gana terreno en distintos países del mundo.

Con una población de apenas tres millones y medio de habitantes, Uruguay demuestra que el tamaño no necesariamente determina la capacidad de liderar procesos de transformación. Su apuesta por la sustentabilidad busca convertir al país en un laboratorio regional donde energía, innovación y desarrollo económico avancen de manera conjunta. El resultado de esa experiencia será observado con atención por toda América Latina durante los próximos años.