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Uruguay acelera: el auto eléctrico deja de ser una promesa y se convierte en tendencia

Durante años, hablar del auto eléctrico en Uruguay era hablar del futuro. Hoy hay una señal bastante más contundente: el futuro empezó a venderse en las concesionarias.

El cambio se hizo particularmente visible en 2026. En agosto, los vehículos electrificados representaron el 62% de las ventas de vehículos livianos en Uruguay. Pero hay un dato todavía más revelador: el 53,4% correspondió a vehículos 100% eléctricos, sin motor de combustión. En apenas ocho meses, el mercado pasó de una participación eléctrica y electrificada del 38,7% en enero a superar el 60% en agosto.

No se trata solamente de un mes excepcional. Entre enero y agosto de 2026 se comercializaron 22.894 vehículos electrificados, frente a 11.038 en el mismo período de 2025: un crecimiento del 107%. El mercado automotor total, en cambio, avanzó alrededor de 17%. La diferencia muestra que la electrificación está creciendo mucho más rápido que el mercado de autos en general.

De la excepción al mercado masivo

Una de las grandes transformaciones es la diversidad de la oferta. El auto eléctrico ya no aparece solamente asociado a modelos caros, de alta gama o pensados para un público muy específico. La oferta se multiplicó y comenzaron a ganar terreno modelos compactos, SUV, utilitarios y vehículos de marcas asiáticas que compiten agresivamente en precio y equipamiento.

BYD es uno de los nombres que mejor representa esta transformación. Pero no está sola: Geely, GAC, JAC, Chery, Dongfeng, Changan, Omoda, GWM, Renault y otras marcas están ampliando el menú disponible para el consumidor uruguayo. En junio, por ejemplo, el Geely EX2 y el BYD Seagull estuvieron entre los modelos más vendidos del mercado automotor.

La tendencia también está modificando una vieja percepción: que comprar un eléctrico significa necesariamente pagar mucho más por un automóvil. La baja en los precios internacionales de determinadas tecnologías, la llegada de fabricantes chinos y los incentivos tributarios contribuyeron a cerrar parte de esa brecha.

Y aparece otro factor decisivo: el costo de usar el vehículo. Uruguay tiene una matriz eléctrica particularmente favorable para la movilidad eléctrica. En 2025, el 98% de la electricidad generada en el país provino de fuentes renovables.

Eso convierte al auto eléctrico en algo más que un vehículo diferente: permite conectar el transporte con una matriz energética que ya realizó buena parte de su transición.

El enchufe empieza a formar parte del paisaje

La otra revolución ocurre lejos de las concesionarias: está en la infraestructura.

Uruguay ya cuenta con más de 500 puntos públicos de carga y tiene como objetivo alcanzar los 600 durante 2026 y llegar a 1.000 en 2027.

La expansión de los cargadores es fundamental porque uno de los principales obstáculos psicológicos para quien evalúa comprar un eléctrico sigue siendo la autonomía y la posibilidad de encontrar dónde cargarlo.

Pero la lógica también empieza a cambiar. Para buena parte de los usuarios, el automóvil puede pasar la noche conectado en el hogar y comenzar el día con la batería cargada. El cargador público deja de ser necesariamente el equivalente a una estación de servicio tradicional y comienza a funcionar como una infraestructura complementaria.

El precio seguirá siendo la batalla

El crecimiento no significa que el mercado esté libre de desafíos. Uno de los principales será mantener la accesibilidad de los eléctricos.

Uruguay está revisando su estructura tributaria y desde 2027 cambiarán algunas condiciones vinculadas al IMESI. La modificación introduce una nueva etapa para un mercado que se benefició de un tratamiento fiscal favorable durante su expansión. El Gobierno sostiene que la estructura debe adaptarse a la evolución de la tecnología y a la caída de sus costos, procurando mantener los incentivos a la eficiencia energética.

El tema es clave porque una parte importante del boom eléctrico uruguayo se explica justamente por la combinación de tres elementos: precios más competitivos, beneficios fiscales y menores costos de utilización.

Si alguno de esos factores cambia significativamente, puede modificar el ritmo de crecimiento.

¿Qué auto se viene?

La tendencia apunta hacia vehículos eléctricos más accesibles, con mayor autonomía, baterías más eficientes y una oferta cada vez más amplia.

También crece el interés por los híbridos, que funcionan como una especie de puente para consumidores que todavía no están preparados para abandonar completamente el motor de combustión. La discusión ya no parece ser simplemente “eléctrico sí o no”, sino qué nivel de electrificación resulta más conveniente para cada usuario.

Mientras tanto, la tecnología avanza y las marcas compiten por ocupar un mercado que hace pocos años prácticamente no existía.

El dato más interesante quizá sea ese: Uruguay no está esperando que llegue la revolución eléctrica. La revolución ya está ocurriendo en las calles.

Y si la tendencia de 2026 se mantiene, la pregunta dentro de algunos años probablemente no será cuántos autos eléctricos circulan por Uruguay, sino cuántos vehículos nuevos todavía necesitarán nafta o gasoil.