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Movilidad sustentable en Argentina: desafíos y oportunidades

La movilidad sustentable dejó de ser una tendencia asociada exclusivamente a las grandes ciudades para convertirse en uno de los desafíos centrales de la transición energética. En la Argentina, donde las distancias, la desigualdad en el acceso al transporte y las diferencias entre regiones plantean realidades muy diversas, cambiar la manera de trasladar personas y mercancías requiere mucho más que incorporar vehículos eléctricos.

El desafío consiste en construir un sistema que permita viajar mejor, reducir la contaminación, optimizar el consumo de energía y garantizar que las alternativas más limpias sean accesibles para una mayor parte de la población.

Transporte y ambiente: una relación que necesita cambiar

El transporte basado en combustibles fósiles contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero y a la contaminación del aire, especialmente en las zonas urbanas de mayor circulación. A estos impactos se suman la congestión, el ruido, los tiempos de viaje y la ocupación creciente del espacio público por los automóviles particulares.

Frente a este escenario, la movilidad sustentable propone combinar distintas soluciones: fortalecer el transporte público, recuperar la importancia del ferrocarril, impulsar los desplazamientos a pie y en bicicleta, mejorar la eficiencia logística e incorporar tecnologías de menores emisiones.

La transformación no depende de una única innovación. También exige planificación urbana, infraestructura adecuada, coordinación entre jurisdicciones y políticas públicas sostenidas en el tiempo.

El transporte público, una pieza fundamental

En un país con grandes concentraciones urbanas, el transporte público tiene un papel decisivo. Mejorar la frecuencia, la regularidad, la seguridad y la conectividad de colectivos, trenes y subtes puede contribuir a reducir la dependencia del automóvil particular.

Sin embargo, para que más personas elijan estas alternativas, no alcanza con promover su uso: es necesario ofrecer servicios confiables, accesibles y conectados entre sí. La integración de recorridos, estaciones, bicicletas y otros medios de transporte permite reducir tiempos de traslado y facilitar los viajes cotidianos.

El ferrocarril también ocupa un lugar estratégico. Tanto en los desplazamientos metropolitanos como en el transporte de cargas y las conexiones interurbanas, una red ferroviaria eficiente puede mejorar el uso de la energía y disminuir la presión sobre las rutas. Su desarrollo requiere inversiones, mantenimiento y una planificación que contemple las necesidades de cada región.

Electromovilidad: una transición que empieza a tomar forma

La incorporación de vehículos eléctricos representa otra de las vías para reducir el impacto ambiental del transporte. En mayo de 2025, la Ciudad de Buenos Aires puso en marcha un servicio de buses eléctricos que conecta sectores de Retiro, el Microcentro, el casco histórico y La Boca. La experiencia sumó una alternativa de transporte silenciosa, accesible y sin emisiones de escape durante su funcionamiento.

Aunque estas iniciativas constituyen un avance, ampliar la electromovilidad implica resolver desafíos importantes: el costo de adquisición de las unidades, la infraestructura de carga, el mantenimiento, la disponibilidad de repuestos y la capacitación técnica.

Además, es importante considerar el origen de la electricidad utilizada. Un vehículo eléctrico no genera emisiones por el escape, pero su impacto ambiental total depende también de la matriz energética, la fabricación de sus componentes y la gestión de las baterías al final de su vida útil.

Por eso, la transición hacia una movilidad más limpia debe avanzar en paralelo con el desarrollo de energías renovables, la eficiencia energética y sistemas adecuados de recuperación y reciclaje de materiales.

Bicicletas y caminabilidad: ciudades pensadas para las personas

La movilidad sustentable también empieza en trayectos cotidianos que muchas veces pasan inadvertidos. Caminar hasta el trabajo, utilizar la bicicleta para distancias cortas o combinar estos desplazamientos con el transporte público puede reducir emisiones, mejorar la salud y contribuir a ciudades menos congestionadas.

Para que estas opciones sean viables, se necesitan ciclovías conectadas, veredas en buen estado, cruces seguros, iluminación y espacios para estacionar bicicletas. La seguridad vial es una condición indispensable para que estos medios puedan incorporarse a la vida diaria.

También importa la planificación urbana. La proximidad entre viviendas, centros de trabajo, comercios, escuelas y servicios reduce la necesidad de realizar viajes largos y permite aprovechar mejor la infraestructura existente.

Estas soluciones no son exclusivas de Buenos Aires. Las ciudades medianas y pequeñas pueden desarrollar estrategias adaptadas a sus propias características, con inversiones que prioricen la accesibilidad y la calidad del espacio público.

Un país de grandes distancias: el desafío de las cargas

La movilidad sustentable en la Argentina no puede analizarse únicamente desde el transporte de pasajeros. La producción agropecuaria, la industria, la minería y el comercio dependen de una extensa red logística para trasladar materias primas, insumos y productos terminados.

En este contexto, mejorar la eficiencia del transporte de cargas es fundamental. La optimización de recorridos, la reducción de viajes vacíos, el mantenimiento de los vehículos, la renovación tecnológica y una mayor articulación entre camiones, trenes y puertos pueden contribuir a reducir el consumo de combustible por tonelada transportada.

La posibilidad de utilizar distintas tecnologías debe evaluarse según la actividad, la distancia y las condiciones operativas. La electrificación puede ser especialmente interesante para determinados recorridos urbanos y de última milla, mientras que otras soluciones pueden resultar necesarias para trayectos largos o actividades específicas.

Para un país con una fuerte base agroindustrial, la logística eficiente no solo representa una oportunidad ambiental: también puede mejorar la competitividad y reducir costos.

De los planes a los resultados

En septiembre de 2022, la Argentina aprobó el Plan Nacional de Transporte Sostenible mediante la Resolución 635/2022. La iniciativa estableció como objetivos impulsar la transición energética, reducir las emisiones, mejorar la eficiencia del transporte y fortalecer las capacidades industriales nacionales.

El plan contempló diferentes modos de transporte y líneas de acción, entre ellas la movilidad eléctrica, la incorporación de nuevas tecnologías, la eficiencia energética y la transformación del transporte de pasajeros y cargas.

El desafío central es traducir esos objetivos en resultados concretos y sostenidos. Para ello, es necesario contar con financiamiento, coordinación entre los gobiernos nacional, provinciales y municipales, reglas claras e indicadores que permitan evaluar los avances.

También resulta fundamental contemplar las particularidades territoriales. Las necesidades de una gran área metropolitana no son las mismas que las de una ciudad intermedia, una localidad rural o una región productiva alejada de los principales centros urbanos.

Una estrategia efectiva debe evitar que la movilidad limpia quede limitada a proyectos aislados o a sectores con mayor capacidad económica.

Una oportunidad ambiental, económica y social

La movilidad sustentable puede generar beneficios que van más allá de la reducción de emisiones. Un sistema de transporte más eficiente puede mejorar la calidad del aire, disminuir el ruido, reducir el tiempo perdido en los traslados y facilitar el acceso al empleo, la educación y los servicios de salud.

Al mismo tiempo, la transformación abre oportunidades para el desarrollo de proveedores locales, la fabricación de componentes, la innovación tecnológica y la creación de empleos vinculados con nuevas capacidades industriales.

La Argentina cuenta, además, con recursos estratégicos para participar en algunas de estas cadenas de valor, como el litio, utilizado en numerosas baterías recargables. Sin embargo, disponer de recursos naturales no garantiza por sí solo el desarrollo de una industria competitiva: hacen falta inversión, conocimiento, infraestructura y políticas que promuevan la generación de valor agregado.

El objetivo debe ser aprovechar esas oportunidades sin perder de vista los impactos ambientales y sociales asociados a la extracción de recursos y a la producción de nuevas tecnologías.

Moverse mejor para vivir mejor

La movilidad sustentable no consiste simplemente en reemplazar un vehículo a combustión por uno eléctrico. Supone revisar cómo se diseñan las ciudades, cómo se conectan las regiones, cómo se trasladan las mercancías y qué alternativas tienen las personas para llegar a sus destinos.

En la Argentina, el camino combina la mejora del transporte público, el fortalecimiento ferroviario, la movilidad activa, la eficiencia logística y la incorporación progresiva de tecnologías de menores emisiones.

La transición será necesariamente gradual y deberá adaptarse a las posibilidades económicas, energéticas y territoriales del país. Pero su dirección es clara: avanzar hacia un sistema de transporte que utilice mejor los recursos, reduzca su impacto ambiental y garantice mejores condiciones de movilidad.

Porque la sustentabilidad no se juega solamente en la energía que mueve un vehículo. También se define en las distancias que recorremos, en las opciones que tenemos para hacerlo y en la calidad de vida que ese sistema nos permite construir.