
Las colillas de cigarrillo son el residuo más común del planeta, con 4,5 billones de unidades desechadas al año
Nada menos que 4,5 billones de colillas de cigarrillo se desechan incorrectamente cada año, constituyendo una de las formas más omnipresentes –y menos percibidas– de contaminación ambiental global. Esto equivale a alrededor de 550 colillas arrojadas anualmente al ambiente por cada habitante del planeta.
Un amplio relevamiento recopiló datos de 130 estudios científicos realizados en 55 países entre 2013 y 2024 y revela que estos pequeños residuos alcanzan densidades promedio de 0,24 colillas por metro cuadrado en ambientes urbanos y acuáticos. Es como encontrar una colilla cada cuatro metros cuadrados. Los picos extremos registrados en el mundo superaron las 38 colillas por metro cuadrado en playas y zonas costeras muy frecuentadas y densamente pobladas. La masa total de colillas desechadas anualmente en el ambiente ronda los 766,6 millones de kilogramos.
El estudio muestra además que las áreas ambientalmente protegidas –principalmente aquellas con reglas más restrictivas– logran reducir la contaminación hasta diez veces en comparación con lugares sin ningún tipo de protección legal. Aun así, ni los parques nacionales ni las reservas marinas escapan por completo del problema, ya que las corrientes marinas pueden transportar hasta esos lugares residuos desechados a gran distancia, tanto en playas como en áreas urbanas.
La revisión, fruto de una colaboración entre investigadores vinculados a la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), la Universidad Estatal Paulista (Unesp) y el Instituto Nacional del Cáncer (Inca), en Brasil; la Johns Hopkins University, en Estados Unidos; y la Universidad San Ignacio de Loyola, en Perú, constituye la síntesis más amplia elaborada hasta la fecha sobre la distribución global de las colillas y sus implicaciones ambientales. Un artículo sobre el tema, cuyo primer autor es el ingeniero ambiental Victor Vasques Ribeiro, doctorando del Instituto del Mar de la Unifesp, fue publicado en la revista Environmental Chemistry Letters. El trabajo describe en detalle los patrones espaciales, los llamados hotspots de contaminación, y el efecto del grado de protección ambiental sobre la reducción del problema.
“Los contaminantes químicos presentes en las colillas se dispersan rápidamente, aún más cuando entran en contacto con el agua de mar. En pocas semanas, este material tóxico se libera al ambiente y puede resultar letal para diversas especies acuáticas”, afirma Ribeiro. Los cigarrillos contienen más de 7 mil compuestos químicos, de los cuales al menos 150 son tóxicos. Pero el problema no termina ahí: el interior del filtro está compuesto por un polímero, el acetato de celulosa, que, al igual que otros plásticos, permanece durante muchísimo tiempo en el ambiente y se fragmenta en microplásticos que contaminan organismos marinos y pueden retornar a los seres humanos cuando estos organismos son consumidos.
Además del impacto ambiental, el estudio también se relaciona con el debate sobre salud pública y el papel del filtro en la historia del cigarrillo. Para André Salem Szklo, de la División de Control del Tabaquismo del Inca, quien dirigió el estudio de revisión, la existencia del filtro fue utilizada históricamente como argumento de marketing. “Transmite la idea de que, con filtro, el cigarrillo sería un producto más saludable, favoreciendo, por lo tanto, la iniciación y el mantenimiento del hábito de fumar. Pero esto no se sostiene. Con la introducción de los filtros aumentó incluso un tipo específico de cáncer de pulmón, asociado a partículas finas”, afirma.
Szklo llama la atención sobre la narrativa difundida por la industria tabacalera acerca de la responsabilidad individual en el descarte de estos residuos en el ambiente. “Es importante no culpabilizar al fumador. Durante décadas, la industria tabacalera difundió la idea de que el filtro sería biodegradable. Eso influyó e influye en el comportamiento. La verdad es que la contaminación por colillas solo existe porque existe una industria que obtiene ganancias con la venta de cigarrillos”.
“Si las personas entendieran que están arrojando una bomba química cuando desechan una colilla, tal vez no lo hicieran con tanta naturalidad”, añade Ribeiro.
La cifra de 4,5 billones de colillas que llegan anualmente a los ambientes urbanos y acuáticos no fue calculada directamente por la nueva revisión, sino que procede de una compilación realizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ribeiro recuerda que, a escala global, se fuman alrededor de 12 billones de cigarrillos al año. “Una fracción enorme termina en los océanos, hacia donde confluyen casi todas las aguas”, afirma. Las playas concentran una gran circulación de personas, turismo intenso y consumo recreativo, factores que favorecen el descarte inadecuado. Pero esta no es la única razón por la que aparecen como las áreas más contaminadas: también funcionan como verdaderos “sumideros” de residuos sólidos. Las colillas desechadas dentro de las ciudades o incluso en regiones distantes pueden ser transportadas por la lluvia y los ríos hasta el mar. Además del impacto ambiental directo del descarte de los cigarrillos fumados (colillas), la producción y el consumo de cigarrillos emiten 84 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera cada año.
El análisis global mostró una fuerte concentración de hotspots –áreas críticas que integran aproximadamente el 5 % de los lugares más contaminados entre todos los sitios monitoreados en el mundo– en 17 países, ubicados principalmente en América del Sur, Oriente Medio y el Sudeste Asiático. En playas del golfo Pérsico, por ejemplo, ya se han registrado más de 38 colillas por metro cuadrado. En América del Sur, playas de Chile, Brasil, Uruguay y Ecuador aparecen repetidamente entre los lugares críticos, en algunos casos con más de la mitad de toda la basura recolectada compuesta por colillas de cigarrillo.
Los autores del estudio crearon el Índice de Contaminación por Colillas de Cigarrillo (ICBC), con una clasificación que va desde “ausente” hasta “extremadamente alta”. Faltan datos publicados para la mayor parte de América del Norte, África, Asia Central y Oriental y para toda Oceanía, lo que dificulta las comparaciones globales.
Estado de la contaminación por colillas en diferentes regiones del planeta. Los puntos rojos, correspondientes a las zonas más contaminadas, se distribuyen en 17 países. La mayor parte de América del Norte, África, Asia Central y Oriental y toda Oceanía aparecen en blanco. Esto se debe a la falta de datos publicados en esas regiones(imagen: Victor Vasques Ribeiro)
Al cruzar los registros con mapas internacionales de áreas de conservación, los autores identificaron 165 áreas protegidas monitoreadas en 37 países. Ni siquiera las áreas creadas oficialmente para conservar la naturaleza están libres de contaminación por colillas. La densidad promedio en áreas protegidas fue casi cinco veces menor que en áreas no protegidas y, en las categorías de protección más restrictivas, la reducción fue aún mayor. “Aun así, se encontraron hotspots dentro de áreas protegidas, que incluyen parques y reservas, principalmente donde existe un turismo intenso o una fiscalización limitada. La simple designación legal no basta. Principalmente la disminución general del número de fumadores, pero también la infraestructura, la fiscalización y la educación ambiental marcan la diferencia”, comenta Ribeiro.
Para Szklo, no es posible debatir la contaminación por plásticos sin tener en cuenta el enorme impacto negativo de las colillas sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). “Estamos hablando del artículo más desechado del mundo. En algunos lugares, más de la mitad de la basura de una playa está compuesta únicamente por colillas. Ya hubo casos en los que prácticamente el 100 % de los residuos eran filtros. ¿Cómo pensar en un tratado mundial contra el plástico ignorando el fortalecimiento de la implementación de las medidas de reducción del tabaquismo previstas en el Convenio Marco para el Control del Tabaco de la Organización Mundial de la Salud?”, enfatiza.
Los investigadores defienden que la información recopilada por el estudio sirva de base para negociaciones internacionales, como el tratado de la ONU contra la contaminación por plásticos, además de medidas locales como la prohibición de fumar en playas y parques, campañas educativas, mejoras en la gestión de residuos y, principalmente, una mayor responsabilización de la industria tabacalera.
El estudio recibió apoyo de la FAPESP mediante una Beca de Doctorado para Ribeiro, bajo la dirección de Ítalo Braga de Castro, y de un Apoyo a la Investigación – Jóvenes Investigadores concedido al segundo autor, Lucas Buruaem Moreira.
