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La energía solar sale al rescate de las redes europeas durante las olas de calor

Las olas de calor están poniendo a prueba los sistemas eléctricos europeos por partida doble: disparan el consumo de electricidad, fundamentalmente por el uso de sistemas de refrigeración, y al mismo tiempo pueden limitar la disponibilidad de algunas tecnologías de generación.

El análisis de Ember muestra la magnitud del primer fenómeno. Durante la ola de calor de finales de junio, la demanda eléctrica diaria aumentó hasta un 26% en Hungría respecto a la semana anterior. El incremento alcanzó el 22% en Italia, el 11% en Francia y el 8% en España.

En ese contexto de mayor consumo, la solar se comportó mejor que durante el resto del verano. La generación fotovoltaica diaria media durante las olas de calor fue un 17% superior a la registrada en el resto de jornadas de junio y julio tanto en Francia como en Hungría. En España el incremento alcanzó el 5%, mientras que en Italia la producción se mantuvo en niveles similares.

“El aumento de la producción solar ayudó a estabilizar las redes en un momento en el que otras fuentes de energía tenían dificultades para suministrar electricidad”, explica Chris Rosslowe, analista sénior de energía de Ember.

El calor también golpea a la generación convencional
Las elevadas temperaturas y la sequía afectaron simultáneamente a varias tecnologías convencionales. Según Ember, la producción nuclear tuvo que reducirse en Francia, Hungría, Rumanía y Suiza, mientras cinco centrales de gas británicas recortaron conjuntamente 2,5 GW de potencia durante el episodio de calor de junio.

En Italia, los bajos niveles de agua del río Po amenazaron también la generación con gas, mientras que las restricciones de refrigeración relacionadas con la sequía obligaron a centrales de carbón de Polonia y Serbia a reducir su producción.

La hidráulica tampoco escapó a las consecuencias del calor y la escasez de precipitaciones. En julio, siete de los ocho mayores productores hidroeléctricos de la Unión Europea, que conjuntamente representan más del 90% de la generación hidráulica comunitaria, registraron una producción inferior a la media de los últimos cinco años.

La combinación de mayor demanda y restricciones en parte del parque de generación refuerza, según Ember, el papel que puede desempeñar la fotovoltaica durante los episodios de temperaturas extremas. Sin embargo, también deja al descubierto uno de los principales desafíos del sistema eléctrico: qué ocurre cuando desaparece el sol pero la demanda de refrigeración continúa siendo elevada.

“La solar ya está haciendo gran parte del trabajo durante las olas de calor, pero el verdadero desafío comienza después de la puesta de sol. Por la noche, cuando la demanda de refrigeración sigue siendo alta, la red está más expuesta a la costosa generación con gas”, advierte Rosslowe.

Precios hasta un 119% más altos
Las tensiones provocadas por las olas de calor también se trasladaron al mercado eléctrico. Durante los episodios registrados entre finales de junio y principios de julio, los precios medios diarios fueron un 119% superiores en Hungría a los de jornadas comparables de las semanas anteriores.

El encarecimiento alcanzó el 44% en Francia y el 13% en Italia. En España, el incremento fue más moderado, aunque los precios medios diarios también subieron un 7%. Ember señala además que varios mercados registraron fuertes repuntes durante las primeras horas de la noche, alcanzando en algunos casos sus niveles más elevados de los últimos años.

Es precisamente en esas horas cuando el almacenamiento puede complementar el papel desempeñado por la fotovoltaica durante el día. Las baterías permiten trasladar parte de la electricidad solar generada en las horas centrales hacia el periodo vespertino, cuando la producción fotovoltaica desaparece pero el consumo asociado a las altas temperaturas puede mantenerse elevado.

“Mientras la solar salva el día, las baterías pueden salvar la noche”, resume Rosslowe. Para Ember, la combinación de ambas tecnologías constituye una de las vías más claras para reforzar la resiliencia del sistema eléctrico europeo ante unos veranos cada vez más calurosos.