Las comunidades rurales custodian la biodiversidad de los paisajes agrícolas

Escribe

Santiago Poggio

Ingeniero Agrónomo, Dr. CONICET / Universidad de Buenos Aires / IFEVA Facultad de Agronomía, Cátedra de Producción Vegetal

Desde hace varios años, la biodiversidad se ha visto impactada por las actividades humanas. Parte de eso se debió a la expansión de las actividades agrícolas y ganaderas que modificaron los hábitats en ambientes naturales.  Se introdujeron especies nuevas de forma intencional o inadvertida, se modificaron las interacciones bióticas, es decir las relaciones entre las poblaciones de seres vivos, en los distintos niveles de las redes alimentarias y se alteraron los ciclos del carbono, el agua y los nutrientes. En consecuencia, el desarrollo de la agricultura generó que los agroecosistemas giren en torno a la estructura y la dinámica de los sistemas de producción.

A pesar de lo mencionado, una parte importante de la biodiversidad que deseamos conservar se encuentra en los paisajes rurales. En los ambientes destinados a la producción agropecuaria, la biodiversidad está presente, tanto de forma espontánea como de forma planificada o gestionada. La primera incluye a las especies perjudiciales, como las malezas o las plagas animales, y las especies benéficas, como los microorganismos del suelo o los insectos que consumen plagas de cultivos. La segunda está asociada con cualquier planteo productivo donde elegimos las especies cultivadas, sus variedades e híbridos. Así, la biodiversidad planificada es definida cuando decidimos las secuencias de cultivos, la inclusión de cultivos de cobertura y la alternancia de ciclos agrícolas y ganaderos en planteos mixtos de producción. Incluso, podemos diseñar y manejar conscientemente los espacios que no se destinan a la producción agropecuaria con objetivos de restauración y conservación de la biodiversidad en los paisajes rurales.

En estos paisajes, los espacios que no se destinan a la producción agropecuaria juegan un papel central en la conservación de la biodiversidad. Las áreas que no se cultivan incluyen los ambientes acuáticos o las tierras sin aptitud agrícola. Se suman los elementos lineales del paisaje, como los cercos y alambrados, los márgenes de las rutas y caminos vecinales. Por su parte, las zonas periurbanas, los alrededores de viviendas, parques y jardines, también tienen potencial para el manejo de la biodiversidad. Los ambientes y paisajes mencionados están en íntimo contacto con la matriz productiva, y entremezclan áreas de distintas formas, diversidades de usos y dinámicas espaciales y temporales. Es por eso que el manejo de los paisajes rurales requiere que se concilien los objetivos de la gestión sostenible de los ambientes productivos con los correspondientes al manejo de los espacios que retienen la biodiversidad que deseamos conservar.

Como mencionamos antes, parte de la pérdida de biodiversidad y la alteración de las funciones ecológicas asociadas fue el resultado de la expansión y la intensificación de los sistemas de producción agropecuaria. Sin embargo, la agricultura es parte de la solución y puede jugar un papel central en la restauración y el manejo de la biodiversidad en los agroecosistemas. Así, además de la necesidad de diseñar sistemas productivos sostenibles y de bajo impacto ambiental, se han incrementado las demandas de distintos sectores de la sociedad para restaurar y conservar la biodiversidad en los ambientes productivos. En estos escenarios, la población rural juega un papel central en la conservación de la biodiversidad en los agroecosistemas. Las personas involucradas directamente en la producción y las que habitan las zonas rurales desempeñan un rol clave como custodios de la biodiversidad en los paisajes agrícolas. Es necesario que todos tomemos consciencia del servicio que prestan las comunidades rurales en la conservación de la biodiversidad y los recursos naturales que sostienen la producción agropecuaria.