
El impacto ambiental de guardar fotos en el móvil: siete de cada diez creen que imprimirlas contamina más
El primer móvil con cámara se comercializó en Japón en 1999, pero no fue hasta el 2.002 que empezó a ganar popularidad en el mercado occidental. Han pasado más de 20 años, marcados por sucesivos y vertiginosos avances tecnológicos. Con ellos, ha cambiado por completo nuestra forma de capturar instantáneas, pasando del carrete y el revelado a la nube. Ahora, en el marco del Día Mundial de la Fotografía, surge una pregunta: ¿qué pasa con todas esas imágenes que acumulamos y no volvermos a ver?
La respuesta tiene una dimensión ambiental. Según las previsiones de la consultora especializada Rise Above Research, en 2026 se harán 1,95 billones de fotografías en todo el mundo; el 94% de ellas desde un smartphone. Cada una de esas imágenes necesita dispositivos y servidores que consumen energía y recursos, solo para estar almacenadas y disponibles. El problema real llega cuando se convierten en basura digital.
El coste invisible de la fotografía digital
«Como sociedad hemos logrado estar muy concienciados de que solo hay que imprimir lo que sea realmente importante y necesario, para no malgastar recursos y frenar la deforestación», explica Qui Marín, directora del Sur de Europa de Cheerz, empresa líder de impresión fotográfica. Sin embargo, «hemos perdido de vista el gran impacto ambiental que supone sacar fotografías de alta calidad en cualquier momento».
Algunos expertos señalan incluso que guardar mil fotos en la nube consume el equivalente energético a cargar varios teléfonos móviles de forma continua. Pero ¿qué hay detrás de esta realidad? Los emails, las imágenes digitales o los mensajes de WhatsApp, todo ello genera una huella invisible.
Cada archivo necesita espacio en servidores y centros de datos, que requieren electricidad y sistemas de refrigeración para funcionar. A medida que aumenta la cantidad de información que almacenamos, también lo hace la energía necesaria para conservarla. Se trata de una acumulación silenciosa que crece cada día y, lejos de ser inmaterial, tiene efectos negativos.
Una de cada tres fotografías son irrelevantes
A pesar de ello, el desconocimiento contribuye a que sigamos acumulando información digital sin ser conscientes de su impacto. Así lo refleja el III Estudio de Cheerz sobre el uso de la fotografía por parte de los españoles: 7 de cada 10 cree que imprimir fotografías contamina más que almacenarlas en la nube. Y eso no es todo. Al menos una de cada tres conservadas el móvil «no tiene ninguna relevancia para el usuario».
De hecho, el 63% de los encuestados asegura acumular fotografías en sus dispositivos, aunque no tengan ningún valor; y solo el 37% tiene la costumbre de eliminarlas periódicamente. «No hacemos fotos porque sí, las hacemos porque queremos conservar algo que nos importa», sostiene Marín. Pero la galería del móvil encierra una de las mayores paradojas: cuantas más fotos hacemos, menos las materializamos.
Solo el 15% de los españoles imprime sus fotografías con frecuencia, mientras que el 60% lo hace de forma esporádica y el 25%, nunca. Los recuerdos se dispersan así en la nube, lejos de cualquier mirada y con un impacto ambiental que pocos conocen.
