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El auge de la IA deja una factura ambiental cada vez mayor, según un nuevo estudio: “Es complicado y frustrante”

El gasto de energía que sostiene un centro de datos acaba convertido en una cuestión climática cuando esa infraestructura depende de generadores alimentados con combustibles fósiles y exige más recursos para ejecutar modelos de inteligencia artificial.

Ese consumo, que se verá muy bien en el nuevo complejo de Amazon en Estados Unidos, eleva la contaminación asociada a una crisis climática que empeora al crecer las emisiones. Ahí empieza el problema que rodea a esta tecnología.

Normas mucho más estrictas

Los Alpine reclaman restricciones ante el aumento de emisiones

Un estudio publicado en la revista NPJ Climate Action sostiene que el impacto ambiental de la inteligencia artificial va bastante más allá de la electricidad usada por los centros de datos. Will y Holly Alpine, antiguos responsables de Microsoft dedicados ahora a la investigación sobre sostenibilidad, concluyen que la IA también modifica la economía del suministro de combustibles fósiles al ayudar a elevar la productividad, extraer más petróleo y aumentar los beneficios.

Los autores señalan que numerosos análisis se concentran en la demanda energética de los centros de datos, la optimización de renovables y la eficiencia, pero prestan menos atención a la forma en que la tecnología favorece la producción de petróleo y gas.

Las emisiones exigen evaluar cómo se utiliza la tecnología
Las emisiones exigen evaluar cómo se utiliza la tecnología

Esa relación aparece en acuerdos y proyectos empresariales descritos por la investigación. El texto menciona un contrato de veinte años entre Microsoft y Chevron para una gran planta de gas natural, además de la construcción por parte de Amazon de la mayor planta de combustibles fósiles de Estados Unidos.

Holly Alpine, investigadora sobre sostenibilidad y antigua responsable de Microsoft, explicó a la periodista climática Emily Atkin, autora del boletín HEATED, que las grandes tecnológicas destinan personal de ingeniería y ventas específicamente a ese sector: “Hay equipos de ingenieros y vendedores en estas empresas tecnológicas dedicados expresamente a la industria de los combustibles fósiles”.

Ante el aumento de las emisiones, los Alpine piden límites más estrictos para evitar que esta expansión aleje todavía más la respuesta necesaria frente a la crisis climática, manteniendo además la oposición a nuevos centros de datos.

Estimaciones

El auge tecnológico multiplica la contaminación calculada hasta trece veces

El cálculo de los investigadores sitúa la contaminación adicional ligada al auge de la IA entre tres y trece veces por encima de las emisiones ya asociadas a los centros de datos. Su análisis distingue entre las emisiones adicionales que una tecnología permite producir y las reducciones que facilita mediante avances en energías renovables, y concluye que las primeras superan a las segundas: “Nos resulta difícil y frustrante ver que la conversación sobre los verdaderos efectos climáticos de la IA se detenga en las emisiones operativas”.

Alpine añadió que parte de los ingenieros desarrolla código junto a grandes petroleras para ampliar la producción, por lo que los autores reclaman medir también para qué se utiliza la IA y no únicamente la contaminación de las instalaciones que la hacen funcionar.