ActualidadDesarrollo sostenibleEnergias renovablesImpacto Ambiental

Aviación sustentable: el gran desafío de despegar hacia un futuro con menos emisiones

La aviación es responsable de aproximadamente el 2% al 3% de las emisiones globales de dióxido de carbono, pero su impacto climático es mayor cuando se consideran otros efectos, como los óxidos de nitrógeno y las estelas de condensación. Con un tráfico aéreo que continúa creciendo a nivel mundial, el sector enfrenta uno de los mayores desafíos de la transición energética: reducir su huella ambiental sin resignar conectividad.

A diferencia del transporte terrestre, donde la electrificación avanza rápidamente, la aviación requiere soluciones más complejas debido a las enormes demandas energéticas de los vuelos comerciales. Por eso, las estrategias actuales combinan innovación tecnológica, nuevos combustibles y mejoras operativas.

El combustible sostenible de aviación (SAF), la apuesta más inmediata

Hoy, el protagonista de la descarbonización es el Sustainable Aviation Fuel (SAF) o combustible sostenible de aviación.

Estos combustibles pueden elaborarse a partir de aceites vegetales usados, residuos agrícolas, biomasa, grasas animales e incluso mediante procesos sintéticos que combinan hidrógeno verde y dióxido de carbono capturado.

La principal ventaja es que pueden utilizarse en la infraestructura aeroportuaria y en las aeronaves actuales, mezclándose con el combustible convencional sin necesidad de modificar motores o sistemas de abastecimiento.

Diversos estudios indican que, considerando todo su ciclo de vida, algunos SAF pueden reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 80% respecto del queroseno tradicional, dependiendo de la materia prima utilizada y del proceso de producción.

Europa acelera la transición

La Unión Europea se convirtió en uno de los principales impulsores de esta transformación mediante la normativa ReFuelEU Aviation, que obliga a incrementar progresivamente la incorporación de combustibles sostenibles en los aeropuertos europeos durante las próximas décadas.

El objetivo es estimular la inversión industrial y reducir el costo del SAF, que actualmente sigue siendo varias veces más caro que el combustible fósil.

Hidrógeno y combustibles sintéticos

Mientras el SAF de origen biológico aparece como la solución disponible en el corto plazo, la industria también trabaja sobre los llamados e-SAF, combustibles sintéticos producidos mediante hidrógeno verde y CO₂ capturado.

Estos combustibles podrían alcanzar reducciones aún mayores de emisiones, aunque requieren enormes cantidades de electricidad renovable y nuevas cadenas industriales.

Especialistas advierten que el desarrollo deberá respetar estrictos criterios de sostenibilidad para evitar competir con el abastecimiento energético local o generar impactos ambientales indirectos.

¿Y los aviones eléctricos?

La electrificación también forma parte del futuro de la aviación, aunque por ahora está limitada a aeronaves pequeñas y vuelos regionales.

El principal obstáculo continúa siendo la baja densidad energética de las baterías, que impide reemplazar el queroseno en vuelos de media y larga distancia.

Por esa razón, la mayoría de los fabricantes considera que los aviones eléctricos tendrán un papel relevante únicamente en trayectos cortos, mientras que el hidrógeno podría convertirse en una alternativa para aeronaves comerciales durante la próxima década.

Argentina también mira al cielo

La transición representa una oportunidad para países con fuerte producción agroindustrial como Argentina.

Diversos trabajos sostienen que el país posee ventajas competitivas para producir SAF utilizando aceites vegetales, residuos agrícolas y, en el futuro, hidrógeno verde. Esto permitiría abastecer vuelos internacionales y generar una nueva cadena de valor vinculada al agro, la energía y la industria aeronáutica.

Un cambio que involucra a toda la cadena

La sostenibilidad en la aviación ya no depende únicamente del combustible. Aerolíneas, fabricantes y aeropuertos avanzan en programas para optimizar rutas de vuelo, reducir el consumo energético de las terminales, electrificar vehículos de apoyo en tierra, disminuir residuos y mejorar la eficiencia operativa.

La meta de alcanzar emisiones netas cero hacia 2050 requerirá una combinación de todas estas herramientas, junto con políticas públicas, incentivos económicos e innovación tecnológica permanente.