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Tu esponja de cocina libera microplásticos cada vez que friegas: un estudio destapa esta fuente invisible de contaminación

La esponja de cocina parece un objeto demasiado corriente como para levantar sospechas. Está junto al fregadero, se usa varias veces al día y se cambia cuando empieza a desgastarse, o cuando ya huele mal. Pero precisamente ese desgaste cotidiano es lo que ha llamado la atención de un grupo de investigadores: al frotar platos, vasos y sartenes, algunas esponjas pueden ir soltando pequeñas partículas de plástico que acaban en el agua residual.

Un estudio liderado por la Universidad de Bonn ha analizado hasta qué punto las esponjas domésticas contribuyen a la liberación de microplásticos. La conclusión es doble. Sí, estos utensilios desprenden partículas medibles durante el uso. Pero, al mirar el impacto ambiental completo del lavado manual de platos, el factor más importante no fueron esos microplásticos, sino la cantidad de agua utilizada.

Una fuente doméstica poco visible

Los microplásticos suelen asociarse a botellas, bolsas, neumáticos, ropa sintética o cosméticos. Sin embargo, también pueden proceder de objetos más pequeños y cotidianos. Las esponjas de cocina, presentes en millones de hogares, han recibido menos atención pese a que muchas contienen materiales plásticos y están sometidas a fricción constante.

Las esponjas de cocina son una fuente cotidiana y poco visible de microplásticos por el desgaste que sufren al fregar. 
Las esponjas de cocina son una fuente cotidiana y poco visible de microplásticos por el desgaste que sufren al fregar. Getty Images/iStockphoto

Para estudiar el problema, el equipo combinó pruebas de laboratorio con ciencia ciudadana. Hogares de Alemania y Norteamérica usaron distintos tipos de esponjas en sus rutinas normales de fregado y registraron cómo las empleaban. Después, los investigadores pesaron las esponjas antes y después para calcular la pérdida de material.

Además, realizaron ensayos controlados con un sistema automatizado llamado “SpongeBot”, diseñado para reproducir el desgaste mecánico que sufre una esponja al fregar. Esta combinación permitió observar tanto el uso real en hogares como el comportamiento de las esponjas bajo condiciones repetibles.

Cuánto plástico puede desprender una esponja

A partir de esa pérdida de material, los investigadores estimaron emisiones anuales de entre 0,68 y 4,21 gramos de microplásticos por persona. La cantidad puede parecer pequeña a escala individual, pero cambia cuando se multiplica por millones de hogares.

Los investigadores calcularon que, si un tipo concreto de esponja se usara en todos los hogares de Alemania, las emisiones podrían alcanzar hasta 355 toneladas de microplásticos al año. Las plantas de tratamiento de aguas residuales retienen una parte importante de esas partículas, pero no todas. Una fracción puede acabar en ríos, lagos, mares o suelos.

El estudio también observó que las esponjas con menor contenido plástico liberaban menos partículas. Este punto es relevante porque no todas las esponjas son iguales: su composición, resistencia y vida útil pueden modificar tanto la cantidad de microplásticos que desprenden como su impacto ambiental total.

El agua pesa más que el plástico

Aun así, el dato más sorprendente del estudio no está solo en los microplásticos. Al realizar una evaluación del ciclo de vida del fregado manual, los investigadores encontraron que entre el 85% y el 97% del impacto ambiental total se debía al consumo de agua. Es decir, el modo en que fregamos —cuánta agua dejamos correr, durante cuánto tiempo y con qué eficiencia— pesa mucho más que las partículas liberadas por la esponja.

Reducir el agua que usamos al fregar puede tener más impacto ambiental que centrarse solo en los microplásticos de la esponja. 
Reducir el agua que usamos al fregar puede tener más impacto ambiental que centrarse solo en los microplásticos de la esponja. Otras Fuentes

Esto no resta importancia a la contaminación por microplásticos, pero ayuda a ponerla en contexto. Reducir el plástico es importante, pero cerrar el grifo cuando no hace falta, llenar el fregadero en vez de lavar pieza por pieza bajo el chorro o usar métodos más eficientes puede tener un efecto ambiental mayor.

Qué puede hacer el consumidor

Los autores señalan varias medidas sencillas. La primera es usar menos agua durante el fregado, porque es donde se concentra el mayor margen de mejora. La segunda, elegir esponjas con menor contenido plástico o alternativas más duraderas. La tercera, alargar la vida útil del producto cuando sea higiénicamente posible, ya que cambiarlo demasiado pronto también aumenta el consumo de recursos.

La esponja de cocina no es el mayor enemigo ambiental del hogar, pero sí recuerda algo importante: muchos impactos empiezan en gestos mínimos y repetidos. Cada plato fregado cuenta poco; millones de platos al día, en cambio, cuentan mucho.