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Trump y las políticas verdes en Estados Unidos: el giro energético de 2026

Estados Unidos atraviesa un fuerte cambio de orientación en materia energética. La administración de Donald Trump está desarmando buena parte de las políticas climáticas impulsadas durante el gobierno de Joe Biden y colocando en el centro de su estrategia la producción de energía, la reducción de regulaciones y la seguridad energética.

En septiembre de 2026, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) anunció la derogación de las normas que limitaban las emisiones de gases de efecto invernadero de las centrales eléctricas alimentadas con carbón y gas. La agencia sostiene que la medida reducirá costos para el sector y favorecerá una mayor disponibilidad de energía.

El cambio se suma a otra decisión importante tomada en febrero: la EPA eliminó la denominada Endangerment Finding, una determinación científica de 2009 que había permitido regular las emisiones de gases de efecto invernadero de los vehículos. Con esa decisión también quedaron eliminados los estándares federales de emisiones de gases de efecto invernadero para automóviles y camiones.

También cambia la política internacional

El giro no queda dentro de las fronteras estadounidenses.

La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París se hizo efectiva el 27 de enero de 2026. Ese mismo año, Washington también abandonó el Fondo Verde para el Clima, mecanismo internacional destinado a financiar acciones de mitigación y adaptación frente al cambio climático en países en desarrollo.

El mensaje de la administración Trump es que la política energética debe estar vinculada principalmente con la producción nacional, la seguridad y el crecimiento económico.

La energía nuclear gana espacio

En este nuevo escenario hay, sin embargo, una particularidad: el gobierno estadounidense no está abandonando toda forma de energía de bajas emisiones.

La energía nuclear ocupa un lugar cada vez más importante dentro de la estrategia energética de Washington, especialmente frente al crecimiento de la demanda eléctrica vinculada con la industria, los centros de datos y la inteligencia artificial.

Así, el mapa energético que propone Trump combina una fuerte defensa de los combustibles fósiles con una expansión de la energía nuclear y una reducción del papel que el gobierno federal había otorgado a determinadas políticas de promoción de las renovables.

La transición energética estadounidense, en otras palabras, no desapareció. Cambió de dirección política.