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Mundial 2026: el partido más difícil se juega fuera de la cancha

La Copa del Mundo más grande de la historia promete dejar también una huella ambiental sin precedentes. Entre estadios más eficientes, energías renovables y economía circular, el gran desafío será reducir el impacto de millones de viajes y demostrar que un megaevento global puede ser realmente sustentable.

El Mundial de Fútbol 2026 no será uno más. Por primera vez participarán 48 selecciones, se disputarán 104 partidos y el torneo tendrá tres países anfitriones: Estados Unidos, Canadá y México. Esa magnitud convierte a la competencia organizada por FIFA en un enorme desafío logístico, pero también ambiental.

Desde hace varios años la organización viene trabajando en una estrategia específica de sustentabilidad y derechos humanos que busca integrar criterios ambientales, sociales y de gobernanza en toda la organización del torneo. Entre los ejes principales figuran la reducción de emisiones, el uso eficiente de recursos, la gestión responsable de residuos, las compras sostenibles y el fortalecimiento del legado para las ciudades anfitrionas.

Sin embargo, la realidad también impone preguntas incómodas: ¿puede ser verdaderamente sustentable un evento que moviliza millones de personas a través de un continente?

Un acierto: utilizar estadios ya existentes

Uno de los principales aspectos positivos del Mundial 2026 es que prácticamente no requirió construir nuevos estadios.

A diferencia de otros mundiales, donde gran parte de las emisiones provienen de enormes obras de infraestructura, en esta edición se aprovecharon instalaciones ya existentes que fueron modernizadas para mejorar su desempeño ambiental.

La reutilización de infraestructura evita millones de toneladas de emisiones asociadas al cemento, el acero y la construcción, una de las industrias con mayor huella de carbono del planeta.

Caso 1: Estadios con certificación ambiental

La sustentabilidad dejó de ser una promesa para transformarse en una exigencia técnica.

Trece de los dieciséis estadios del Mundial ya cuentan con certificaciones LEED, uno de los estándares internacionales más reconocidos para edificios sostenibles.

Las mejoras incluyen:

  • iluminación LED de bajo consumo;
  • paneles solares;
  • sistemas inteligentes de climatización;
  • reutilización y ahorro de agua;
  • reducción del uso de plásticos descartables;
  • programas de reciclado y compostaje.

En conjunto, estos estadios incorporaron más de 11.500 paneles solares, permitirán ahorrar más de 378 millones de litros de agua potable por año y eliminarán millones de plásticos de un solo uso.

Caso 2: Estadio BBVA (Monterrey)

Uno de los ejemplos más interesantes se encuentra en México.

El Estadio BBVA obtuvo certificación LEED Gold en operación y mantenimiento gracias a un conjunto de mejoras que incluyen:

  • monitoreo permanente del consumo energético;
  • medición en tiempo real del uso del agua;
  • ventilación inteligente;
  • reemplazo de vasos descartables por sistemas reutilizables;
  • separación y valorización de residuos.

Los responsables del estadio sostienen que el mayor cambio no fue tecnológico sino cultural: involucrar a proveedores, empleados y espectadores para modificar hábitos de consumo.

Caso 3: Houston y la energía renovable

Houston desarrolló uno de los planes ambientales más ambiciosos entre las sedes.

Entre las medidas previstas se destacan:

  • utilización de electricidad 100% renovable en los principales sitios del evento;
  • corredores verdes que conectan estadios, fan zones y transporte público;
  • recuperación de espacios verdes;
  • mitigación del calor urbano;
  • reciclado y compostaje durante los festivales de aficionados.

La ciudad busca que muchas de estas acciones permanezcan una vez finalizado el campeonato, convirtiendo al Mundial en un acelerador de infraestructura urbana sostenible.

Caso 4: Canadá apuesta por los sistemas reutilizables

En las ciudades canadienses se trabaja especialmente sobre un problema habitual en los eventos masivos: los residuos.

Diversos estudios impulsados por organismos ambientales estiman que la utilización de vasos reutilizables durante el Mundial podría evitar el consumo de más de un millón de vasos descartables solamente en las fan zones y estadios canadienses.

El gran desafío sigue siendo el transporte

Paradójicamente, el mayor impacto ambiental no estará dentro de los estadios.

Las estimaciones indican que alrededor del 85 al 90% de las emisiones del torneo provendrán de los viajes en avión realizados por aficionados, equipos, periodistas y proveedores.

La enorme distancia entre sedes —que abarca tres países y miles de kilómetros— hace que el transporte sea, por lejos, el principal problema ambiental del Mundial.

Diversos análisis estiman que la competencia podría generar cerca de 7,8 millones de toneladas de CO₂ equivalente, convirtiéndose en la Copa del Mundo con mayor huella de carbono de la historia.

Más que un torneo, un laboratorio

Los grandes eventos deportivos funcionan como vitrinas para mostrar nuevas tecnologías.

Lo que hoy se prueba durante un Mundial puede convertirse mañana en estándar para recitales, congresos, festivales o competencias internacionales.

Sistemas de reutilización de agua, iluminación inteligente, economía circular, movilidad eléctrica, compras sostenibles y certificaciones ambientales son herramientas que luego pueden replicarse en otros sectores de la economía.

Una oportunidad para dejar un legado

La verdadera sustentabilidad de un Mundial no se mide únicamente por lo que ocurre durante los 40 días de competencia.

El éxito dependerá de cuánto permanezcan las inversiones en transporte público, eficiencia energética, infraestructura verde y gestión de residuos una vez que el último hincha haya regresado a su casa.

Porque el partido más importante no se juega durante noventa minutos.

Se juega en la capacidad de transformar un espectáculo deportivo global en una oportunidad concreta para acelerar la transición hacia ciudades más sostenibles.