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Albor: La cuestión es tener datos para decidir

El dato que cierra decide; el resto es cotillón”. En un contexto donde la tecnología parece estar en todas partes, la directora de Operaciones de Albor, Ing. Inf. María Luján Santos, puso blanco sobre negro con una advertencia contundente: tener datos no es lo mismo que tener información para decidir.

Fue durante la conferencia “Las partes deben sumar: del dato al cierre del resultado económico”, en el marco del panel “Herramientas de gestión empresaria”, desarrollado en A Todo Trigo 2026 junto a Alejandro Meneses (Zorraquín-Meneses), Regina Martínez Riekes (Amauta Inversiones) y Andrés Ponte (A3 Mercados), donde Santos explicó que muchas empresas agropecuarias poseen muchos registros aislados que, en realidad, no logran transformarse en una visión clara del negocio.

Con más de 25 años de experiencia implementando tecnología, Santos fue categórica al desmitificar el rol de los softwares: “Los sistemas no arreglan los problemas de la organización; en general sacan los trapitos al sol de las organizaciones y de lo que está pasando”.

Esta falta de orden previo explica por qué las propuestas de transformación digital fracasan: “De los que intentan ponerse al día, de los que intentan digitalizarse, el 70 % de los proyectos no se terminan”. El núcleo del problema reside en la falta de comunicación entre las distintas áreas de la empresa. 

La especialista señaló que el campo, la administración, el área comercial y las finanzas suelen operar como compartimentos estancos. “El problema es que las partes no se hablan”, afirmó, advirtiendo que sin un proceso de integración los registros se vuelven inútiles: “Sin cierre, esos datos se convierten en ruido”.

¿Qué es el puente económico?

La propuesta de Albor —una firma de gestión agropecuaria que permite acceder a la trazabilidad completa de la gestión, vinculando información productiva, administrativa, contable y financiera— es construir lo que Santos denomina puente económico, que permite pasar del simple rinde al resultado del negocio. “Digitalizar hechos no alcanza si no llegan a un resultado económico, ya que el objetivo final debe ser conocer el margen, la caja y el riesgo por lote o unidad de negocio”, aseguró.

En otro tramo de la disertación, Santos desafió a los presentes con una métrica de eficiencia en la gestión: “Si no podés responder estas preguntas rápido (por el precio neto real o costo completo), estás decidiendo a ciegas”. En este sentido, recalcó que la experiencia es valiosa pero insuficiente en un escenario actual, donde muchos productores venden o compran por necesidad de flujo y no por conveniencia económica (enterándose tarde de los resultados).

Una tarjeta de cierre contra la burocracia

Como herramienta práctica, Santos presentó la tarjeta de cierre. Se trata de un método de siete pasos —decisión, unidad económica, impacto, dato, imputación, revisión y análisis— diseñado para que cada registro tenga un propósito claro. En tal sentido, la ejecutiva instó a no generar reportes por inercia: “Si no van a mirarlo, ni lo registren. Frenen y pregúntense para qué van a querer mirar esa información”. Finalmente, la experta recordó que la gestión de datos tiene un costo real en recursos humanos. “Toda la información y los reportes que generan cuestan tiempo de gente. Aunque hay herramientas valiosas para reducirlo como la inteligencia artificial, el principal obstáculo es humano. Es decir, el cambiar de hábitos nos cuesta, porque las que implementamos esas herramientas seguimos siendo personas”.