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La moda que no deja rastro: ¿qué pasa con la ropa que ya no usamos?

En un mundo donde la producción de prendas no deja de crecer, el desafío ambiental que plantea la industria textil se intensifica cada año. El consumo acelerado —impulsado por la moda rápida— y la cultura del descarte generan montañas de residuos que, si no se gestionan, terminan en vertederos o contaminando ecosistemas enteros. Ante este panorama, el reciclado de ropa emerge como una pieza clave para avanzar hacia un modelo económico más sostenible. 


Un fenómeno global: cifras y tendencias

A nivel mundial, el mercado del reciclaje de textiles está en expansión. En 2026, se estima que tendrá un valor de aproximadamente 6.6 mil millones de dólares, con proyecciones de crecimiento en los próximos años debido al aumento de la conciencia ambiental, regulaciones más estrictas y la adopción de modelos de economía circular por parte de empresas y gobiernos. 

Este crecimiento no es menor: mientras se producen cerca de 100 mil millones de prendas cada año, solo un porcentaje ínfimo es reciclado correctamente. Esto significa que, aun con avances importantes, aún queda mucho por hacer para cerrar el ciclo de vida de una prenda. 

Innovaciones tecnológicas —como el reciclaje químico que permite recuperar fibras más allá de los métodos tradicionales— están empezando a cambiar el juego, ofreciendo soluciones para transformar textiles complejos en materias primas reutilizables. 

Además, en regiones como la Unión Europea, se están introduciendo políticas que responsabilizan a las propias marcas por recoger, clasificar y reciclar la ropa que venden, un paso normativo significativo hacia una verdadera economía circular. 


Argentina: una encrucijada de residuos y oportunidades

En Argentina el escenario es particular. El país enfrenta hoy un desafío doble: por un lado, la industria textil local atraviesa una crisis profunda, con caída de producción y competencia feroz de importaciones. 
Por otro, la llegada masiva de ropa usada del exterior —más de 4,6 millones de kilos en un año— ha encendido alertas por su impacto ambiental y social, y se discute incluso un posible prohibición de esas importaciones para proteger a la industria nacional y al medio ambiente. 

Este contexto plantea un urgente debate sobre cómo gestionar de manera responsable los residuos textiles. El reciclado de ropa —hasta ahora aplicado de forma incipiente en el país— podría transformarse en una herramienta eficaz no solo para reducir la contaminación, sino también para generar valor agregado industrial si existe apoyo de políticas públicas claras. 

Actualmente, el reciclaje textil en Argentina se concentra más en iniciativas independientes o pequeñas marcas que incorporan fibras recicladas o diseñan con materiales sostenibles, como algodón orgánico o tejidos recuperados de botellas PET. 


El impacto detrás de cada prenda descartada

Un dato llamativo para dimensionar el problema: según activistas y ambientalistas, cada persona desecha entre 7 y 10 kilos de ropa al año, y sin sistemas formales de reciclaje, la mayoría de esas prendas termina en residuos sólidos comunes. 

El impacto ambiental de la ropa desechada no es menor: la producción textil es responsable de cerca del 10 % de las emisiones globales de CO₂, un porcentaje similar al de todos los vuelos internacionales y el transporte marítimo juntos. 

Además, muchos tejidos sintéticos tardan décadas o siglos en degradarse y liberan microfibras que contaminan suelos y mares, lo que subraya aún más la urgencia de un modelo circular. 


¿Moda con sentido? Nuevas miradas y proyectos ejemplares

La sostenibilidad no queda solo en cifras y problemáticas. En varias ciudades del mundo, colectivos y diseñadores están convirtiendo el reciclado en moda consciente: desde artistas que transforman camisetas descartadas en piezas únicas hasta programas empresariales que financian soluciones innovadoras de economía circular en la moda. 

Así, la narrativa del reciclado de ropa en 2026 es híbrida: convive una industria que lucha por recuperar terreno, desafíos ambientales urgentes y, al mismo tiempo, una creatividad creciente para repensar la moda desde su final de vida útil hacia una segunda, o incluso tercera, oportunidad.