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Energías limpias en Centroamérica: una transición que avanza entre oportunidades y desafíos

La región centroamericana consolida su apuesta por las energías renovables, con un protagonismo histórico de la hidroelectricidad y un crecimiento de la geotermia, la energía eólica y la solar. Sin embargo, la dependencia de los combustibles fósiles y la vulnerabilidad climática plantean nuevos desafíos para garantizar un sistema energético sostenible.

Centroamérica se posiciona como un territorio estratégico para el desarrollo de energías limpias. Sus recursos naturales, su diversidad geográfica y las posibilidades de cooperación entre países ofrecen condiciones favorables para avanzar hacia una matriz energética más sostenible, reducir emisiones y fortalecer la seguridad del suministro eléctrico.

Según datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), alrededor del 68,4% de la electricidad generada en los seis países del istmo —Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá— provino de fuentes renovables durante 2024. La cifra confirma el peso de las energías limpias en la región, aunque también evidencia diferencias importantes entre los sistemas nacionales.

Una región con recursos naturales privilegiados

La hidroelectricidad continúa siendo una de las principales fuentes de generación eléctrica centroamericana. Los ríos y las condiciones geográficas han permitido desarrollar centrales que durante décadas sostuvieron buena parte de la demanda regional.

Sin embargo, la transición energética está incorporando nuevas tecnologías que permiten diversificar las fuentes de generación.

Costa Rica es uno de los casos más destacados. Su sistema eléctrico se apoya principalmente en la hidroelectricidad, la geotermia y la energía eólica, con una participación renovable cercana al 90% en 2024. El país se convirtió en una referencia regional en materia de generación eléctrica limpia, aunque todavía enfrenta el desafío de diversificar más sus fuentes y reducir la vulnerabilidad frente a las sequías.

En El Salvador, la geotermia representa un recurso estratégico. El aprovechamiento del calor interno de la Tierra permite generar electricidad de manera continua y contribuye a reducir la dependencia de los combustibles importados. La ampliación de proyectos geotérmicos constituye una de las oportunidades más relevantes para fortalecer su matriz energética.

Nicaragua, por su parte, ha desarrollado una combinación de energía eólica, geotérmica, hidroeléctrica y biomasa, mientras que Panamá y Guatemala avanzan en la diversificación de sus sistemas mediante nuevas inversiones en energías renovables.

Solar y eólica: nuevas protagonistas de la transición

La reducción de los costos tecnológicos y el creciente interés de los inversores están impulsando el desarrollo de proyectos solares y eólicos en Centroamérica.

La energía solar fotovoltaica ofrece posibilidades especialmente interesantes para una región con elevados niveles de radiación solar. Su incorporación puede contribuir tanto a la generación a gran escala como al autoconsumo de hogares, comercios e industrias.

La energía eólica también ha ganado espacio, especialmente en Nicaragua y Costa Rica, donde las condiciones naturales favorecen el aprovechamiento del viento.

Estas tecnologías permiten complementar la generación hidroeléctrica, una ventaja fundamental en un contexto de mayor incertidumbre climática.

El cambio climático, una amenaza para la seguridad energética

El avance de las energías renovables no elimina los riesgos que enfrenta Centroamérica.

La región es particularmente vulnerable a fenómenos climáticos extremos, períodos prolongados de sequía y modificaciones en los patrones de precipitaciones. Estos eventos pueden afectar directamente la disponibilidad de agua para las centrales hidroeléctricas y comprometer el abastecimiento eléctrico.

La dependencia de la hidroelectricidad plantea así una paradoja: una de las principales fortalezas ambientales de Centroamérica también puede convertirse en una fuente de vulnerabilidad.

La diversificación energética, el almacenamiento eléctrico, la modernización de las redes y el desarrollo de sistemas de respaldo serán fundamentales para garantizar la estabilidad del suministro.

Integración regional: una oportunidad estratégica

La cooperación energética entre países constituye otro de los pilares de la transición.

El Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC) permite intercambiar electricidad entre los mercados nacionales y mejorar las posibilidades de aprovechamiento de los recursos disponibles.

Una mayor integración puede facilitar el acceso a energía renovable, reducir costos operativos y mejorar la respuesta ante situaciones de escasez.

No obstante, la expansión de las interconexiones requiere inversiones en infraestructura, coordinación regulatoria y acuerdos que permitan aprovechar de manera más eficiente las capacidades de generación de cada país.

Energía limpia y desarrollo sostenible

La transición energética centroamericana representa mucho más que una transformación tecnológica.

El desarrollo de energías renovables puede generar empleo, atraer inversiones, impulsar nuevas actividades industriales y mejorar el acceso a la electricidad en comunidades rurales.

También abre oportunidades para avanzar en electrificación del transporte, eficiencia energética y generación distribuida, especialmente mediante instalaciones solares en viviendas, establecimientos comerciales y pequeñas industrias.

La hoja de ruta elaborada por IRENA para Centroamérica plantea la necesidad de acelerar las inversiones en generación renovable, infraestructura eléctrica y eficiencia energética, con una visión de largo plazo que permita avanzar hacia sistemas energéticos más descarbonizados.

Una transición que todavía tiene camino por recorrer

Centroamérica dispone de condiciones naturales, experiencia técnica y oportunidades de integración para consolidar un modelo energético más limpio.

El desafío consiste en transformar ese potencial en inversiones sostenidas, infraestructura resiliente y políticas públicas capaces de acompañar el crecimiento de la demanda.

La transición energética no dependerá únicamente de cuánta electricidad renovable pueda generar la región, sino también de su capacidad para garantizar un suministro confiable, accesible y ambientalmente responsable.

En ese camino, Centroamérica tiene la posibilidad de convertir sus recursos naturales en una ventaja estratégica para el desarrollo sostenible.

La energía limpia ya forma parte de su presente. El desafío es construir, a partir de ella, un futuro energético más seguro, diversificado y resiliente.


Fuentes

  • Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA). Hoja de ruta de energías renovables para Centroamérica: hacia una transición energética regional.
  • IRENA. Estadísticas de generación eléctrica y participación renovable en Centroamérica, 2024.
  • Empresa Propietaria de la Red (EPR). Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC).