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El Papa viene a la Argentina: La sustentabilidad en el Vaticano y: cómo la Santa Sede impulsa la transición ecológica

Durante años, la sustentabilidad fue uno de los ejes del mensaje del papa Francisco. Lo que comenzó en 2015 con la publicación de la encíclica Laudato Si’, considerada uno de los documentos ambientales más influyentes de las últimas décadas, hoy se traduce en políticas concretas que buscan convertir al Estado más pequeño del mundo en un modelo de transición energética.

Lejos de limitarse a un discurso ético o religioso, el Vaticano impulsa proyectos de energías renovables, eficiencia energética, agricultura sustentable y educación ambiental que lo posicionan como un caso singular dentro del escenario internacional. La continuidad de estas iniciativas bajo el pontificado de León XIV demuestra que el compromiso con el cuidado de la «Casa Común» se ha convertido en una política de Estado de la Santa Sede.

Hacia un Vaticano energéticamente autosuficiente

Uno de los proyectos más ambiciosos es la construcción de una gran planta agrivoltaica en Santa Maria di Galeria, un predio extraterritorial ubicado a unos 18 kilómetros de Roma donde funcionan las antenas de Radio Vaticano.

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El emprendimiento combinará la generación de energía solar con la actividad agrícola, permitiendo aprovechar el suelo sin desplazar la producción rural. El objetivo es abastecer completamente de electricidad al Estado de la Ciudad del Vaticano mediante fuentes renovables y reducir de manera significativa su huella de carbono.

La iniciativa se inspira en el documento Fratello Sole, firmado por Francisco en 2024, que promovió la transición hacia un modelo energético con bajas emisiones de gases de efecto invernadero. Posteriormente, la Santa Sede firmó acuerdos con Italia y con empresas especializadas para hacer viable técnica y financieramente el proyecto.

Mucho más que paneles solares

La estrategia ambiental del Vaticano no se limita a producir electricidad limpia.

En los últimos años se incorporaron vehículos eléctricos para distintos servicios internos, se instalaron sistemas fotovoltaicos en edificios vaticanos, se impulsaron programas para disminuir el consumo energético y se avanzó en la reducción del uso de plásticos descartables dentro de sus instalaciones.

El objetivo final es alcanzar la neutralidad climática y demostrar que incluso un Estado con enorme valor histórico y arquitectónico puede adaptarse a las exigencias ambientales del siglo XXI.

El Borgo Laudato Si’: un laboratorio de sostenibilidad

Otro de los proyectos emblemáticos es el Borgo Laudato Si’, inaugurado en Castel Gandolfo, la histórica residencia estival de los papas.

Allí funciona un centro de educación ambiental y agricultura regenerativa donde conviven:

  • producción agrícola sostenible;
  • invernaderos alimentados con energía solar;
  • sistemas inteligentes de riego;
  • recuperación de agua de lluvia;
  • gestión integral de residuos;
  • capacitación laboral para jóvenes, refugiados y personas en situación de vulnerabilidad.

El proyecto busca demostrar que la sustentabilidad también puede ser una herramienta de inclusión social y desarrollo económico local.

Ecología integral

La propuesta del Vaticano se apoya en el concepto de ecología integral, desarrollado en Laudato Si’. Según esta visión, la crisis ambiental no puede separarse de los problemas sociales, económicos y culturales.

La protección del ambiente, el combate contra la pobreza, el uso responsable de los recursos naturales y el desarrollo económico deben abordarse como partes de un mismo desafío.

Esta mirada ha influido no sólo en organizaciones religiosas sino también en universidades, empresas, gobiernos y organismos internacionales que incorporan criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) dentro de sus estrategias de sostenibilidad.

Un mensaje que trasciende lo religioso

Aunque el Vaticano representa apenas 44 hectáreas y menos de mil habitantes, su capacidad de influencia es enorme.

Con más de 1.400 millones de católicos en el mundo, las decisiones ambientales de la Santa Sede tienen un fuerte impacto simbólico y pueden incentivar cambios en miles de diócesis, escuelas, hospitales, universidades y organizaciones vinculadas a la Iglesia.

En un contexto global marcado por el cambio climático y la transición energética, el Vaticano busca convertirse en un ejemplo de que la sostenibilidad no es sólo una cuestión tecnológica, sino también cultural, ética y social.