El informe señala que cada inversión responde a distintos horizontes y necesidades de financiamiento: mientras la tierra requiere capital propio o instrumentos de muy largo plazo por su período de repago, la maquinaria demanda créditos de cinco a seis años y la hacienda de cría exige contemplar el tiempo necesario para que el activo biológico genere ingresos. En este sentido, no alcanza con que una inversión sea rentable: el financiamiento debe tener un plazo compatible con el tiempo que necesita cada activo para generar los fondos necesarios para repagarlo.
El Índice de Expectativas Futuras registró una baja moderada del 1,8%, al pasar de 168 a 165 puntos, aunque mantiene niveles elevados y acumula un crecimiento interanual del 7,8%. La caída responde principalmente al deterioro del 9,4% en las expectativas sobre la situación financiera futura, que pasaron de 159 a 150 puntos. El escenario para la campaña 2026/27 aparece marcado por márgenes ajustados, especialmente si las proyecciones se realizan sobre rendimientos promedio y no sobre los resultados excepcionales de la campaña 2025/26.
«La confianza hacia adelante sigue siendo alta, pero el productor está mirando la próxima campaña con mayor prudencia. Los márgenes esperados son más ajustados y eso obliga a tomar decisiones con una mirada muy selectiva sobre el uso del capital», explicó Steiger.
Soja, siembra y tecnología: las decisiones para la próxima campaña
En relación con la campaña 2026/27, el 68% de los productores no modificará sus planes de siembra respecto de la campaña anterior. Entre quienes sí introducirán cambios, el 13,3% prevé sembrar más maíz, el 9% más soja y el 3,6% más girasol, mientras que un 9% reducirá el área destinada a trigo. En términos de superficie total, la soja ocuparía el 40% del área sembrada, seguida por el maíz con 28%, el trigo con 16%, el girasol con 5% y otros cultivos con el 10% restante.
La evolución de los costos de los fertilizantes, particularmente de la urea, también incidió en las decisiones. La suba registrada meses atrás, asociada al conflicto en Medio Oriente, había generado expectativas de una reducción de la superficie de trigo y un mayor desplazamiento hacia soja. Posteriormente, la baja de los precios de ese insumo modificó parcialmente ese escenario para la cosecha gruesa.
El relevamiento también muestra una posición conservadora respecto de la soja que permanece sin vender: el 68% de los productores la conserva para pagar alquileres y otros gastos de campaña, mientras que el 27% espera una mejora de los precios internacionales. En menor medida, un 13% la retiene porque no encuentra alternativas de inversión atractivas, un 12%espera una baja de retenciones antes de octubre y un 11% una mejora en el tipo de cambio.