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Economía circular en Chile: el desafío de transformar los residuos en recursos

El país andino avanza en una estrategia que busca reducir la generación de residuos, impulsar el reciclaje y promover nuevos modelos de negocio. La meta es desacoplar el crecimiento económico del consumo de recursos naturales y convertir la sustentabilidad en una oportunidad productiva.

La economía circular comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante en la agenda de desarrollo de Chile. En un contexto marcado por la presión sobre los recursos naturales, el aumento de los residuos y la necesidad de avanzar hacia una producción más sustentable, el país apuesta a transformar la manera en que produce, consume y gestiona los materiales.

A diferencia del modelo económico lineal —basado en extraer recursos, fabricar productos, consumirlos y desecharlos—, la economía circular propone mantener los materiales y productos en uso durante el mayor tiempo posible. Esto supone diseñar bienes más duraderos, reparar antes de reemplazar, reutilizar componentes, reciclar materiales y reducir los residuos desde el origen.

El cambio no es solamente ambiental. También representa una oportunidad para desarrollar nuevas actividades económicas, generar empleo, impulsar la innovación y reducir la dependencia de materias primas.

Una estrategia con respaldo normativo

Chile cuenta con herramientas regulatorias que buscan acelerar esta transformación. Una de las principales es la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), que establece obligaciones para que los productores se hagan cargo de la organización y el financiamiento de la gestión de determinados productos prioritarios una vez que terminan su vida útil.

La normativa contempla categorías como envases y embalajes, neumáticos, aceites lubricantes, pilas y aparatos eléctricos y electrónicos, entre otras. Su implementación apunta a fortalecer la recolección, la valorización y el reciclaje, al mismo tiempo que promueve una mayor responsabilidad de las empresas sobre el ciclo de vida de sus productos.

A este marco se suma la Hoja de Ruta para un Chile Circular al 2040, una iniciativa que plantea una transformación de largo plazo para avanzar hacia una economía regenerativa, con menor generación de residuos y un uso más eficiente de los recursos.

El desafío consiste en llevar estos objetivos a la práctica: ampliar la infraestructura de reciclaje, mejorar los sistemas de recolección, fortalecer los mercados para los materiales recuperados y lograr que la circularidad forme parte de las decisiones cotidianas de empresas, municipios y consumidores.

Del residuo al valor económico

Uno de los aspectos centrales de la economía circular es que los residuos dejan de considerarse exclusivamente un problema de disposición final y pasan a ser una fuente potencial de valor.

Los envases pueden convertirse nuevamente en materia prima; los residuos orgánicos pueden aprovecharse para producir compost o generar biogás; y los equipos eléctricos y electrónicos pueden recuperar metales, plásticos y otros componentes que, de otro modo, requerirían nuevos procesos extractivos.

Estas actividades abren oportunidades para emprendimientos especializados en reparación, reacondicionamiento, logística inversa, reciclaje y valorización de materiales. También pueden contribuir al desarrollo de cadenas de suministro más eficientes y a la creación de empleos vinculados con nuevas capacidades técnicas.

Sin embargo, para que estos modelos sean económicamente viables, no alcanza con recolectar residuos. Es necesario asegurar su clasificación, transporte y procesamiento, además de generar una demanda estable para los materiales recuperados. Sin compradores ni condiciones competitivas, una parte de los residuos separados puede no encontrar una salida productiva.

La industria y la minería, frente a una nueva oportunidad

En Chile, la circularidad tiene una dimensión particular por el peso de la minería y de las actividades industriales en su economía.

La recuperación de metales, la reutilización de componentes, el aprovechamiento de subproductos y la optimización del uso del agua son algunas de las líneas que pueden contribuir a una producción más eficiente. En una industria intensiva en recursos, extender la vida útil de los equipos y recuperar materiales puede reducir costos y disminuir la necesidad de insumos vírgenes.

La construcción también ofrece oportunidades mediante la reutilización de materiales, el reciclaje de residuos de obra y demolición, y el diseño de edificios que faciliten su mantenimiento y adaptación.

En el sector agroalimentario, por su parte, los residuos orgánicos y los subproductos de los procesos de elaboración pueden utilizarse para producir compost, biofertilizantes, ingredientes o energía, siempre que las condiciones técnicas, sanitarias y económicas lo permitan.

Estas aplicaciones muestran que la economía circular no se limita al reciclaje: implica revisar procesos completos para evitar pérdidas de materiales y aprovechar mejor los recursos disponibles.

Los obstáculos para consolidar el modelo

Pese a los avances normativos y al interés creciente de las empresas, la transición enfrenta dificultades. Entre ellas se encuentran las diferencias en la infraestructura disponible entre territorios, los costos de recolección y tratamiento, la necesidad de inversión tecnológica y la falta de mercados suficientemente desarrollados para algunos materiales reciclados.

También resulta fundamental mejorar la información sobre los flujos de residuos, fortalecer la coordinación entre el sector público y el privado e incorporar criterios de circularidad desde la etapa de diseño de los productos.

La participación ciudadana es otro componente clave. La separación en origen, la reutilización y el consumo responsable contribuyen a mejorar los resultados, pero necesitan sistemas accesibles y confiables para que los materiales recuperados lleguen efectivamente a las instalaciones de valorización.

Una oportunidad para el desarrollo sustentable

La experiencia chilena refleja un cambio de enfoque que trasciende la gestión de los residuos. La economía circular propone revisar los procesos productivos para reducir desperdicios, aprovechar recursos y crear nuevas oportunidades de negocio.

El éxito de esta transformación dependerá de la capacidad de convertir las metas regulatorias en resultados concretos: menos residuos enviados a disposición final, mayor recuperación de materiales, empresas más eficientes y cadenas productivas con menor impacto ambiental.

Para Chile, el desafío es avanzar hacia un sistema en el que el crecimiento económico no dependa necesariamente de extraer y consumir cada vez más recursos. Para América Latina, donde la producción agroindustrial, la minería y las actividades vinculadas con los recursos naturales tienen un peso significativo, esa transición también puede ofrecer aprendizajes valiosos.

La economía circular no propone simplemente reciclar lo que sobra. Su objetivo es evitar que los recursos se conviertan en residuos y demostrar que producir mejor también puede ser una forma de crecer.