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Cúrcuma: la raíz dorada que gana terreno entre la alimentación saludable y la producción sustentable

Con experiencias en Misiones y Tucumán, la raíz de color dorado empieza a ganar espacio como alternativa para diversificar las economías regionales. El procesamiento local y la sustitución de importaciones aparecen entre las oportunidades de esta cadena productiva.

La cúrcuma, una especia originaria del sur y sudeste asiático, empieza a abrirse camino en la producción agropecuaria argentina. Conocida por su intenso color amarillo anaranjado y su utilización en la gastronomía, la industria alimentaria y la cosmética, esta raíz despierta un interés creciente como alternativa para diversificar los cultivos y generar nuevos ingresos para productores familiares. El desafío es pasar de una demanda comercial en expansión a una cadena productiva capaz de abastecer el mercado con calidad, continuidad y valor agregado.

Misiones, una de las provincias que impulsa el cultivo

En Misiones, la producción de cúrcuma y jengibre forma parte de una estrategia para diversificar la actividad hortícola. La provincia promueve estos cultivos mediante la entrega de rizomas —los tallos subterráneos que permiten la reproducción de la planta—, asistencia técnica y acompañamiento a pequeños productores. En 2025, el gobierno provincial anunció una línea de financiamiento específica para impulsar estas producciones, con apoyo para infraestructura e insumos. Un antecedente oficial de planificación productiva provincial registró alrededor de 100 hectáreas implantadas con jengibre y cúrcuma en conjunto, de las cuales unas 60 correspondían a la cuenca productora del sur misionero. Esa cifra corresponde al relevamiento citado y no debe interpretarse como una medición actualizada de la superficie exclusiva de cúrcuma.

Tucumán: del cultivo al producto terminado

La experiencia también llegó a Tucumán. En Simoca, técnicos de la Agencia de Extensión Rural del INTA y la Municipalidad de Bella Vista desarrollaron un ensayo de producción agroecológica entre agosto de 2025 y abril de 2026. El proyecto incluyó el procesamiento de los rizomas para obtener cúrcuma deshidratada en polvo, con el objetivo de generar información técnica y evaluar alternativas de agregado de valor en origen. La iniciativa contó con la participación de la Cooperativa Dulce Esperanza y articuló producción, asistencia técnica y procesamiento local.

Este tipo de experiencias permite explorar una alternativa para las economías regionales: no comercializar únicamente la materia prima, sino avanzar hacia productos elaborados y envasados. La deshidratación y la molienda pueden facilitar la conservación, el transporte y la comercialización, aunque requieren instalaciones adecuadas, controles de calidad y una evaluación de los costos para determinar su viabilidad económica.

Un mercado que todavía depende del exterior

Las cifras comerciales muestran que existe espacio para analizar el desarrollo de la producción nacional. Según datos de comercio internacional publicados en la plataforma WITS del Banco Mundial, Argentina importó en 2025 alrededor de 748 toneladas de cúrcuma, por un valor aproximado de 1,9 millones de dólares. India fue el principal proveedor, con unas 511 toneladas, seguida por Perú, con cerca de 185 toneladas.

Estos datos reflejan el volumen de cúrcuma que ingresó al país, pero no permiten concluir por sí solos que toda esa demanda pueda ser cubierta por productores locales. Para avanzar en esa dirección será necesario conocer los rendimientos por hectárea, los costos de implantación y cosecha, los requerimientos de procesamiento y los precios que reciben los productores.

Qué necesita un cultivo sustentable

La cúrcuma requiere temperaturas cálidas, humedad suficiente y suelos fértiles con buen drenaje. Por eso, su desarrollo debe adaptarse a las condiciones agroclimáticas de cada región, con especial atención al manejo del agua, la conservación del suelo y la sanidad del cultivo. La incorporación de materia orgánica, la rotación y la diversificación pueden contribuir a un sistema productivo más equilibrado cuando se planifican de acuerdo con las condiciones locales.

La sustentabilidad también depende de lo que sucede después de la cosecha: el uso eficiente de la energía en el secado, la reducción de pérdidas, el aprovechamiento de los recursos disponibles y la generación de empleo local forman parte de la evaluación integral del proceso.

La cúrcuma no representa una solución automática para los problemas de rentabilidad del sector agropecuario, pero sí una alternativa que merece ser evaluada. Las experiencias de Misiones y Tucumán muestran que la articulación entre productores, organismos técnicos y gobiernos locales puede abrir caminos para desarrollar cultivos no tradicionales. El desafío será consolidar información agronómica, mercados estables y capacidad de procesamiento para que esta raíz dorada se convierta en una oportunidad real de diversificación productiva.

 

FUENTE: GOBIERMNO DE MISIONES/INTA/ BANCO MUNDIAL