
Energías renovables en Estados Unidos: el avance de la energía solar convive con un nuevo escenario político
La transición energética estadounidense atraviesa una etapa de contrastes. Mientras la generación solar alcanza nuevos récords y crece la inversión en baterías, la política federal modifica los incentivos a las energías limpias. La demanda eléctrica de la inteligencia artificial agrega un nuevo factor a la transformación del sistema.
Estados Unidos enfrenta una paradoja energética: mientras su política federal vuelve a poner el acento en los combustibles fósiles, la generación de electricidad a partir del sol y el viento continúa expandiéndose. La demanda creciente de energía, impulsada por los centros de datos, la inteligencia artificial y la electrificación industrial, está acelerando la necesidad de ampliar la infraestructura eléctrica.
Los últimos datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) muestran que la energía solar y la eólica generaron conjuntamente el 17% de la electricidad del país durante 2025, un récord histórico. Si se incorpora la generación solar de pequeña escala, principalmente instalaciones en techos residenciales y comerciales, la participación conjunta alcanza aproximadamente el 19%.
El dato refleja una transformación estructural que lleva dos décadas: en 2005, ambas fuentes representaban menos del 1% de la generación eléctrica estadounidense.
La energía solar lidera la expansión
Durante 2025, la generación solar de gran escala creció un 34% respecto del año anterior, hasta alcanzar los 296.000 GWh. La energía eólica, por su parte, produjo 464.000 GWh, con un incremento interanual del 3%.
La evolución de la solar responde a una combinación de factores: reducción de costos tecnológicos, disponibilidad de proyectos de gran escala y demanda de electricidad por parte de empresas y operadores de redes.
Según las previsiones de la EIA, Estados Unidos podría incorporar durante 2026 unos 86 GW de nueva capacidad eléctrica, un volumen récord si se concretan todos los proyectos previstos.
La energía solar representaría 43,4 GW de ese total, seguida por el almacenamiento en baterías, con 24 GW, y la energía eólica, con 11,8 GW.
Texas concentra una parte importante de esta expansión, tanto en generación solar como en almacenamiento. Arizona, California y Michigan también figuran entre los estados con mayor volumen de nuevas instalaciones solares proyectadas.
Baterías: la pieza que necesita la transición
Uno de los cambios más significativos del mercado energético estadounidense es el crecimiento del almacenamiento eléctrico.
La generación solar tiene una limitación conocida: produce durante las horas de radiación y reduce su aporte al caer el sol. Las baterías permiten almacenar parte de esa electricidad para utilizarla cuando la demanda aumenta o la producción renovable disminuye.
La EIA prevé que la capacidad de almacenamiento a gran escala aumente en 24 GW durante 2026, frente a los 15 GW incorporados en 2025.
Texas y California concentran buena parte de los proyectos. En el caso texano, la combinación de parques solares y baterías está adquiriendo un papel relevante para responder a la demanda de una economía con fuerte crecimiento industrial y tecnológico.
El almacenamiento también contribuye a gestionar los picos de consumo y a reducir la necesidad de recurrir a centrales convencionales en determinados momentos.
La política energética cambia las reglas
El crecimiento de las renovables se produce en un contexto político complejo.
La administración de Donald Trump modificó el enfoque federal respecto de las políticas climáticas y los incentivos que habían impulsado las inversiones en energía limpia durante el gobierno anterior.
La legislación presupuestaria aprobada en 2025 introdujo cambios y eliminaciones de beneficios fiscales para distintos proyectos de energía eólica y solar, alterando las condiciones económicas de nuevas inversiones.
También se registraron tensiones en torno a proyectos eólicos marinos, algunos de los cuales enfrentaron decisiones administrativas y demoras.
Sin embargo, el escenario no es uniforme. Los estados mantienen diferentes políticas energéticas y las empresas privadas continúan desarrollando proyectos vinculados con la generación renovable.
En septiembre de 2026, además, avanzaron negociaciones bipartidistas en el Senado para reformar los procedimientos de autorización de grandes obras de infraestructura. La discusión incluye la necesidad de agilizar proyectos de generación y transporte eléctrico.
La inteligencia artificial modifica el mapa energético
El crecimiento de los centros de datos y la inteligencia artificial se convirtió en uno de los principales motores de la demanda eléctrica estadounidense.
Las grandes compañías tecnológicas necesitan asegurar un suministro continuo para sus instalaciones, lo que impulsa contratos de abastecimiento de largo plazo, inversiones en generación y nuevas conexiones a la red.
En este escenario, las energías renovables forman parte de las estrategias de suministro de numerosas empresas, aunque la necesidad de electricidad permanente también sostiene la demanda de gas natural y otras fuentes gestionables.
La expansión de la infraestructura de transmisión aparece como uno de los grandes desafíos. No alcanza con construir parques solares o eólicos: también es necesario transportar la electricidad desde los centros de generación hasta los lugares donde se consume.
En septiembre, el Departamento de Energía anunció una inversión federal de US$2.000 millones para modernizar la red eléctrica, con proyectos destinados a mejorar más de 21.000 millas de líneas de transmisión y aumentar la capacidad disponible.
Un sistema energético en transición
A pesar del avance renovable, los combustibles fósiles todavía ocupan una posición central en la matriz eléctrica estadounidense.
Durante 2025, el gas natural, el carbón y el petróleo representaron aproximadamente el 58% de la generación eléctrica de gran escala. La energía nuclear aportó cerca del 18%, mientras que las renovables, incluida la hidroelectricidad, alcanzaron alrededor del 24%.
La EIA proyecta que la generación solar crecerá un 21% durante 2026 y otro 18% en 2027. Para la energía eólica, las previsiones contemplan incrementos del 7% y el 5%, respectivamente.
Estas estimaciones muestran que la expansión renovable continúa, aunque su ritmo estará condicionado por las decisiones regulatorias, el financiamiento, la disponibilidad de redes y la evolución de la demanda.
Estados Unidos ofrece así una fotografía de las tensiones que atraviesan los sistemas energéticos contemporáneos: seguridad de suministro, competitividad industrial, inversiones privadas, transición climática y necesidades crecientes de electricidad.
La transformación no depende exclusivamente de una decisión política ni de una tecnología. Se juega en la capacidad de construir infraestructura, almacenar energía, financiar proyectos y responder a una demanda que crece más rápido que muchas de las redes diseñadas para abastecerla.
