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Así actúa el “efecto cóctel” de los contaminantes químicos en nuestra salud

A priori parece invisible, pero ahí están. Y afectan a la salud, ya que las personas están expuestas cada día a distintas sustancias químicas que pueden entrar en el organismo a través del aire, el agua, los alimentos o la piel. Sin embargo, las evaluaciones toxicológicas actuales estudian mayoritariamente cada compuesto de manera aislada y no reproducen esta exposición simultánea. Esta es una de las principales conclusiones del informe Magnitud de la contaminación química y Medicina Ambiental, elaborado en el seno de la Cátedra Extraordinaria de Patología y Medio Ambiente de la Universidad Complutense de Madrid.

El documento, dirigido por la doctora Pilar Muñoz-Calero, realiza una amplia revisión de las principales fuentes de contaminación química y de sus posibles consecuencias sobre la salud. También analiza las limitaciones de los actuales sistemas de evaluación del riesgo y presenta la Medicina Ambiental como una disciplina transversal orientada a la prevención, la identificación de exposiciones y el abordaje de enfermedades en las que los factores ambientales pueden desempeñar un papel relevante.

Según el informe, el riesgo derivado de la exposición diaria a mezclas de sustancias químicas sigue siendo en gran medida desconocido. En el día a día, el contacto con numerosos compuestos es simultáneo y continuado, y cada uno de ellos puede actuar a través de mecanismos distintos. Esta interacción, conocida como efecto cóctel o efecto combinado, apenas se contempla en los procedimientos convencionales de evaluación toxicológica.

Al alza

Actualmente figuran alrededor de 279 millones de sustancias, preparados, polímeros, aleaciones y secuencias biológicas en el registro internacional Chemical Abstracts Service, al que se incorporan aproximadamente 15.000 nuevas entradas cada año. A ello se suma la lentitud con la que se restringen algunos compuestos una vez conocidos sus efectos perjudiciales, lo que, según advierte el documento, prolonga durante años o incluso décadas la exposición de la población.

Contaminantes que permanecen durante décadas

Entre las sustancias que generan mayor preocupación se encuentran los compuestos orgánicos persistentes, conocidos como COP. Su baja biodegradabilidad hace que permanezcan durante largos periodos en el medio, se acumulen en los seres vivos y aumenten su concentración a medida que avanzan en la cadena alimentaria. Algunos de estos compuestos siguen detectándose en el organismo humano décadas después de haber sido prohibidos o restringidos.

El informe presta especial atención a los PFAS, los llamados “químicos eternos”, empleados en numerosas aplicaciones industriales y productos de consumo por sus propiedades antiadherentes, impermeabilizantes o resistentes al calor. Algunas de estas sustancias pueden permanecer hasta 1.000 años en el suelo y su eliminación del agua resulta compleja y costosa. Aunque varios PFAS han sido prohibidos, continúan apareciendo nuevas moléculas de la misma familia sobre las que existe menos información.

El documento plantea la necesidad de regular familias completas de sustancias químicas, en lugar de prohibir compuestos individuales que después son sustituidos por moléculas similares. También propone que la responsabilidad de demostrar la seguridad de una sustancia antes de comercializarla recaiga sobre su productor o importador.

Microplásticos en el aire, el agua y el organismo

La revisión recoge asimismo la creciente presencia de microplásticos en la atmósfera, el polvo doméstico, el agua de consumo y los alimentos. Estas partículas se han detectado también en muestras humanas, entre ellas la placenta, la leche materna y las heces.

A su reducido tamaño se suma la presencia de aditivos químicos incorporados durante la fabricación de los plásticos. El informe recuerda que su posible impacto no depende únicamente de la partícula, sino también de sustancias como bisfenoles, ftalatos o retardantes de llama que pueden formar parte de estos materiales.

Hasta el 90% del tiempo en espacios interiores

El aire de los espacios cerrados constituye otra fuente de exposición habitual, especialmente si se tiene en cuenta que la población pasa en interiores hasta el 90 % de su tiempo. Materiales de construcción, muebles, textiles, equipos electrónicos, productos de limpieza, ambientadores, pesticidas domésticos, velas aromáticas o procesos de combustión pueden liberar compuestos orgánicos volátiles y otras sustancias.

Algunos ingredientes presentes en fragancias y productos perfumados pueden reaccionar con oxidantes del aire y generar contaminantes secundarios, entre ellos formaldehído y aerosoles perjudiciales. En este ámbito, el documento advierte de que España carece de una normativa específica que controle de forma integral los contaminantes de los espacios interiores.

La Medicina Ambiental como disciplina transversal

La segunda parte del documento aborda los fundamentos de la Medicina Ambiental, una disciplina cuyo estudio fue reclamado en 2009 por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Su finalidad es identificar los factores ambientales que pueden intervenir en el inicio o la evolución de una enfermedad y reducir aquellas exposiciones que sean evitables.

El informe aboga por avanzar en la formación de profesionales sanitarios en esta materia, mejorar la investigación y reforzar la prevención. Además, aborda su aplicación en enfermedades crónicas y multisistémicas como la sensibilidad química múltiple, la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica.

“Estamos expuestos de forma constante a mezclas de sustancias químicas, pero seguimos evaluando sus riesgos como si entraran en nuestro organismo de una en una. Necesitamos incorporar a la práctica sanitaria una visión más amplia de la relación entre ambiente y salud, especialmente en la prevención y en la atención a pacientes con patologías crónicas complejas”, señala la doctora Pilar Muñoz-Calero, directora del informe.