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Sustentabilidad en Brasil: dos candidatos, dos maneras de pensar el futuro ambiental

En Brasil, la sustentabilidad ya no parece ser una cuestión periférica en la campaña presidencial. Los programas de gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (PT) y Flávio Bolsonaro (PL), los dos principales candidatos según las últimas mediciones citadas por la prensa brasileña, incorporan el ambiente, la energía y el cambio climático como parte de sus propuestas de desarrollo.

Pero hay una diferencia significativa: Lula coloca la transición ecológica como uno de los ejes de la transformación económica del país, mientras que Flávio Bolsonaro pone el acento en la eficiencia, la tecnología, la seguridad jurídica y el aprovechamiento económico de los recursos naturales.

Y, curiosamente, ambos coinciden en algunos objetivos.

Lula: transformar la economía a partir de la sustentabilidad

El programa de Lula presenta la transformación ecológica como un componente estructural de la política económica. La agenda ambiental aparece vinculada con la transición hacia una economía de bajo carbono, la producción industrial, la energía, la agricultura y la adaptación de las ciudades al cambio climático.

Una de las principales metas continúa siendo alcanzar el desmatamento cero en Brasil para 2030. El gobierno plantea combinar fiscalización, recuperación ambiental, valorización de la biodiversidad y mecanismos económicos que hagan más rentable conservar los bosques que destruirlos.

El programa también propone fortalecer instrumentos de financiamiento verde, entre ellos el Fondo Amazônia y otros fondos destinados a la conservación y restauración forestal. La política climática se articula además con inversiones en infraestructura para enfrentar inundaciones, sequías y otros fenómenos extremos.

La mirada de Lula no se limita a la Amazonia. El programa incorpora la seguridad hídrica, la recuperación de cuencas, el tratamiento de residuos y aguas residuales, el desarrollo del biogás y el biometano y la adaptación de las ciudades al aumento de las temperaturas.

En materia energética, el objetivo es aprovechar la enorme participación de fuentes renovables que ya posee Brasil para avanzar hacia una economía de menor intensidad de carbono. Lula y su equipo también plantean ampliar la transmisión eléctrica y el almacenamiento mediante baterías.

Hay, además, una dimensión internacional: Brasil busca utilizar su condición de potencia ambiental y energética para ganar protagonismo en las negociaciones climáticas y atraer inversiones vinculadas con la economía verde.

Flávio Bolsonaro: ambiente, tecnología y desarrollo económico

El programa de Flávio Bolsonaro también establece una meta concreta: eliminar el desmatamento ilegal para 2029, un año antes que el objetivo planteado por Lula.

La diferencia aparece en los instrumentos.

El candidato del PL propone reforzar el monitoreo mediante inteligencia artificial, imágenes satelitales y bases de datos en tiempo real, con el objetivo de identificar rápidamente la deforestación ilegal, la ocupación de tierras públicas y la grilagem.

Su propuesta busca, además, reducir superposiciones entre organismos como Ibama, Funai e ICMBio y hacer más eficiente la fiscalización. Al mismo tiempo, plantea evitar nuevas obligaciones y costos para los productores rurales que cumplen con la legislación.

En su visión, la Amazonia aparece simultáneamente como un territorio que debe ser protegido y como una “oportunidad” económica y estratégica para Brasil. El programa propone generar alternativas de ingresos a partir de la conservación de la selva y ampliar la cooperación con los países amazónicos.

La economía del carbono también ocupa un lugar importante. Flávio propone fortalecer el mercado regulado de carbono y utilizar mecanismos como el RenovaBio para que Brasil pueda vender créditos de carbono internacionalmente.

Energía: una coincidencia con diferencias

Es quizás en la energía donde aparecen algunas de las coincidencias más interesantes.

Los dos candidatos reconocen que la matriz energética brasileña —una de las más renovables del mundo— puede convertirse en una ventaja competitiva para atraer nuevas inversiones.

Ambos hablan de ampliar las redes de transmisión, desarrollar sistemas de almacenamiento mediante baterías y aprovechar las energías renovables. Un análisis de la Agencia iNFRA señala incluso que los programas tienen más puntos de convergencia en materia energética de los que podría sugerir la polarización política de la campaña.

Pero Flávio agrega un elemento que marca una diferencia: no plantea abandonar los combustibles fósiles.

En declaraciones recientes, sostuvo que Brasil debe potenciar las energías limpias pero que no renunciará a la explotación de fuentes fósiles. Su programa propone, al mismo tiempo, convertir al país en una potencia de biocombustibles, con mayor desarrollo de etanol, biodiésel, HVO, SAF y biogás.

Es una concepción de transición energética más apoyada en la diversificación de fuentes que en una sustitución acelerada de los combustibles fósiles.

Dos candidatos que también coinciden

La discusión ambiental brasileña tiene una particularidad: pese a sus diferencias políticas, Lula y Flávio comparten más propuestas ambientales de las que podría suponerse.

Los dos prometen eliminar el desmatamento, fortalecer la fiscalización de los delitos ambientales, mejorar la infraestructura hídrica y agregar valor a los minerales considerados estratégicos para la transición energética.

También coinciden en mirar a Brasil como un país capaz de aprovechar económicamente sus recursos naturales sin limitarse a exportar materias primas.

La diferencia está, fundamentalmente, en quién debe conducir ese proceso y bajo qué reglas.

Para Lula, el Estado tiene un papel central en la planificación, el financiamiento verde, la regulación y la transición hacia una economía de bajo carbono.

Para Flávio, el eje está más puesto en la eficiencia del Estado, la tecnología aplicada a la fiscalización, la participación privada, la seguridad jurídica y la transformación de los recursos naturales y energéticos en activos económicos.

La sustentabilidad como ventaja competitiva

La discusión brasileña resulta particularmente interesante porque muestra cómo cambió el lugar que ocupa la sustentabilidad en la política.

Ya no se trata solamente de proteger la Amazonia para cumplir compromisos internacionales. El ambiente aparece asociado a inversiones, energía, industria, agricultura, tecnología, infraestructura y generación de empleo.

Incluso los centros de datos —uno de los sectores de mayor crecimiento de la economía digital— aparecen en los programas presidenciales vinculados con la disponibilidad de energía limpia. Lula propone que su expansión tenga salvaguardas socioambientales y contrapartidas; Flávio, en cambio, busca convertir a Brasil en un polo global de centros de datos sustentables con menos restricciones regulatorias.

En definitiva, los dos candidatos parecen aceptar una misma premisa: la sustentabilidad puede ser una ventaja económica para Brasil.

La gran discusión electoral será otra: si esa ventaja debe construirse principalmente mediante un Estado que lidere la transición ecológica o mediante un modelo que priorice la inversión privada, la tecnología y el aprovechamiento económico de los recursos.

Brasil, con la Amazonia, una de las mayores reservas de biodiversidad del planeta y una matriz energética con enorme participación renovable, tiene una oportunidad que pocos países poseen.

La elección de 2026 pondrá en discusión no solamente quién gobernará Brasil, sino también qué modelo de sustentabilidad quiere utilizar la mayor economía de América Latina para crecer durante las próximas décadas.

 

Fuente: Recopilación de notas de Brasil.