Triple shock global: Trump suma 8 millones de toneladas de soja, biocombustibles disparan el aceite y la sequía presiona en Argentina
Después de varias semanas de relativa calma, los mercados agrícolas entraron en una etapa de fuerte volatilidad por la combinación de tres factores que, analizados en conjunto, están cambiando las reglas de juego para la soja y arrastrando al resto de los granos.
El primer impacto llega desde la geopolítica. El expresidente estadounidense Donald Trump habría conseguido el compromiso de China de comprar 8 millones de toneladas adicionales de soja de EE.UU., lo que impulsó con fuerza los precios en Chicago. Sin embargo, el efecto no es tan lineal para Sudamérica.
“Esta noticia no crea demanda nueva, no desaparecen stocks: simplemente cambia el origen del negocio. Todo lo que exporte EE.UU. es soja que no va a exportar Brasil”, explica Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
Según el especialista, el antecedente inmediato muestra que este tipo de acuerdos suele generar un fuerte movimiento especulativo. En la negociación previa entre EE.UU. y China, los fondos pasaron de estar vendidos a comprarse más de 20 millones de toneladas, empujando los precios, para luego tomar ganancias y devolverlos a niveles anteriores.
“Hoy los fondos estaban neutros en soja y muy vendidos en maíz, por eso están comprando agresivamente. Chicago tuvo récord de volumen operado. Pero esto ya lo vimos: la suba puede ser intensa y después desinflarse”, advierte Romano.
Desde la óptica sudamericana, el mayor perjudicado sería Brasil. Con China obligada a seguir comprando soja estadounidense, el país vecino podría acumular grandes volúmenes sin salida inmediata.
“Brasil corre el riesgo de terminar con mucha soja trabada en puertos, lo que va a presionar las primas de exportación a la baja, incluso más de lo que suba Chicago”, señala Romano. En ese contexto, el precio global no debería modificarse demasiado, pero sí habrá fuertes diferencias regionales: FOB más alto en EE.UU. y más bajo en Brasil.
El segundo factor clave viene de la política energética. En Estados Unidos se publicaron las guías para distribuir el subsidio a los biocombustibles, que será de un dólar por galón y estará atado al índice de “intensidad de carbono” (Carbon Intensity, CI). La metodología favorece especialmente a la industria sojera estadounidense.
Las materias primas con menor huella ambiental, como aceites usados o grasas animales, reciben mayor subsidio, pero solo si son de EE.UU., México o Canadá, lo que deja afuera importaciones desde China, Brasil o Asia. Además, finalmente no se incorporó el criterio de uso indirecto del suelo (ILU), que hubiera dejado a la soja fuera del esquema. “Todo esto crea demanda adicional de aceite y empuja a que EE.UU. muela más soja. Es claramente alcista para el aceite, que ya tiene una relación stock/consumo muy baja”, explica Romano.
Para Argentina, esta es una buena noticia. A diferencia de Brasil, el país exporta mayormente soja procesada en forma de aceite y harina. “La molinería argentina es la que nos puede salvar de la presión negativa de precios del poroto. Con más demanda de aceite, nuestra performance puede ser mejor que la brasileña”, destaca el investigador de la Universidad Austral.
El tercer factor es climático y local: la sequía en la zona núcleo argentina, que llegó justo en el momento crítico para la soja, durante la floración, con altas temperaturas y falta de agua. “La soja venía muy bien, pero cuando entró en floración se cortó el agua y apretó el calor. En ese contexto, la planta aborta flores y ya empezamos a descontar rindes en la zona núcleo”, señala Romano.
Aunque se registraron algunas lluvias en los últimos días, fueron tardías, desparejas y sin continuidad clara. Los modelos climáticos no coinciden y las precipitaciones se siguen postergando. “Si las lluvias vuelven de inmediato, habría margen para una baja de precios. Pero cuanto más se demoren, mayores serán las pérdidas potenciales y eso puede disparar subas locales”, advierte.
En maíz, el panorama es algo más mixto. El temprano ya pasó la floración, por lo que la seca afectó el llenado y recortó rinde potencial, aunque sin escenario de desastre. El tardío todavía tiene chances de recuperación, sobre todo en el norte, donde las lluvias vienen acompañando, aunque aparece otro riesgo: la chicharrita.
Integrando los tres factores, el escenario es complejo. En Chicago se ve la mayor probabilidad de suba, por la combinación del acuerdo con China, la política de biocombustibles y el clima sudamericano. Sin embargo, eso no garantiza una mejora directa para los productores de la región.
“Si Chicago sube, es muy probable que el poroto sudamericano no lo copie. Todo lo que suba el mercado de referencia, lo van a descontar las primas, especialmente con la enorme oferta que está poniendo Brasil”, resume Romano.
En Argentina, el impacto será más visible en los subproductos. El aceite podría capturar parte de la mejora, mientras que la harina seguirá abundante, aunque con precios ya en niveles muy bajos.
“La industria suele aprovechar la presión de cosecha para bajar el precio del poroto y mejorar su margen. El piso lo pone la exportación y la decisión del productor de vender. Pero si la seca se profundiza y hay menos producción, puede desaparecer la presión logística y cambiar todo el escenario”, concluye Romano.
La estrategia, en este contexto, exige cautela. Las subas impulsadas por fondos pueden ser intensas pero transitorias, y la clave estará en no dejarse llevar solo por Chicago.
“No hay que encapricharse con los precios externos. Si las subas se trasladan al mercado local y los valores nos cierran, es momento de vender y asegurar margen”, recomienda el especialista.

