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Trump enfría las renovables, pero el mercado estadounidense sigue apostando por la energía limpia

La política energética estadounidense presenta en 2026 una paradoja difícil de ignorar.

Por un lado, la administración Trump reduce regulaciones ambientales, cuestiona los incentivos a las energías renovables y promueve una expansión de los combustibles fósiles.

Por otro, buena parte del sector privado continúa invirtiendo en energía solar, eólica y baterías.

Un análisis publicado por Reuters en septiembre señala que las energías renovables continúan creciendo en Estados Unidos a pesar del cambio de política federal. A nivel mundial, además, la generación renovable está camino a superar al carbón como principal fuente de electricidad.

El problema no es solamente ambiental

Una de las razones detrás de esta persistencia es económica.

Estados Unidos necesita cada vez más electricidad. La expansión de los centros de datos, la inteligencia artificial, la industria y la electrificación de distintos sectores está aumentando la presión sobre la red eléctrica.

Y allí las energías renovables, acompañadas por sistemas de almacenamiento, siguen apareciendo como una alternativa para incorporar nueva capacidad de generación.

Pero el cambio regulatorio tiene consecuencias.

En junio, un informe de Wood Mackenzie citado por Reuters estimó que más de 121.000 millones de dólares en proyectos de energía eólica, solar y almacenamiento estaban expuestos a riesgos derivados de demoras y mayores controles federales. El análisis identificó unos 92 gigavatios de proyectos sometidos a un mayor escrutinio.

La transición no depende solamente de Washington

El escenario muestra una cuestión cada vez más evidente: una transición energética puede ser impulsada por los gobiernos, pero también por las empresas, los inversores y las necesidades concretas del mercado.

En Estados Unidos, los estados mantienen además sus propias políticas energéticas, mientras las compañías evalúan sus inversiones en función de costos, demanda y disponibilidad tecnológica.

Por eso, el cambio de rumbo de la Casa Blanca no necesariamente significa que las energías renovables vayan a desaparecer del mercado estadounidense.

Significa que deberán desarrollarse en un contexto mucho menos favorable desde el punto de vista de la política federal.

Una pregunta abierta

El gran interrogante es cuánto podrá modificar la Casa Blanca una transformación que ya tiene inversiones millonarias, infraestructura, empresas y consumidores involucrados.

Trump está intentando cambiar las reglas.

El mercado, mientras tanto, sigue buscando la energía que necesita.

Y en esa tensión entre política energética, competitividad económica y transición ambiental se juega buena parte del futuro energético de Estados Unidos.