La ONU alerta sobre el daño ambiental de las guerras: ecosistemas destruidos y millones de vidas en riesgo
El Consejo de Seguridad de la ONU abordó un tema cada vez más urgente: el impacto ambiental de los conflictos armados. En la actualidad, más de 2.000 millones de personas —una cuarta parte de la población mundial— viven en zonas afectadas por la guerra.
Desde Gaza hasta Ucrania, la violencia no solo deja víctimas humanas, sino también una profunda huella ecológica. Las bombas arrasan con los cultivos, contaminan las fuentes de agua y destruyen hábitats que tardan décadas en recuperarse.
El daño no termina cuando callan las armas. Los suelos erosionados, los ríos contaminados y los bosques arrasados impiden la recuperación económica y alimentaria, perpetuando el ciclo de pobreza y desplazamiento.

Naturaleza devastada y ecosistemas en colapso
Los conflictos bélicos suelen dejar un legado de contaminación, desechos tóxicos y pérdida de biodiversidad. La destrucción de represas, la quema de campos y el uso de explosivos afectan tanto la flora como la fauna.
En Gaza, por ejemplo, la guerra acabó con la mayor parte de los cultivos y contaminó los ecosistemas de agua dulce y marina. En Ucrania, el colapso de la represa de Kakhova inundó miles de hectáreas, alterando hábitats naturales y desplazando especies enteras.
Estas catástrofes ecológicas tienen consecuencias que se extienden por generaciones, agravando la inseguridad alimentaria y sanitaria en regiones ya golpeadas por la pobreza y el cambio climático.
La guerra y el clima: una relación peligrosa
El cambio climático agrava los conflictos al reducir los recursos disponibles, mientras la guerra acelera la degradación ambiental. La lucha por el agua, la tierra fértil y la energía se convirtió en uno de los motores silenciosos de la inestabilidad global.
A su vez, los impactos ambientales de la guerra —como la deforestación, la contaminación del aire y la pérdida de suelo— alimentan el calentamiento global y dificultan los esfuerzos de mitigación climática.
Esta interacción genera un círculo vicioso: los conflictos destruyen el ambiente, y la degradación ambiental, a su vez, incrementa la probabilidad de nuevos enfrentamientos.

Hacia una protección internacional del medio ambiente en tiempos de guerra
La ONU busca fortalecer el marco jurídico que proteja la naturaleza durante y después de los conflictos. Aunque aún no existe un tratado global vinculante, en 2022 se aprobaron 27 principios preliminares que promueven la preservación de los ecosistemas en contextos bélicos.
Estas normas se basan en el derecho internacional humanitario, ambiental y de los derechos humanos, y apuntan a garantizar que los recursos naturales sean gestionados de manera sostenible incluso en tiempos de crisis.
El objetivo es reducir los efectos de la guerra sobre el medio ambiente y facilitar la recuperación ecológica una vez restablecida la paz.
Qué otras consecuencias ambientales traen los conflictos bélicos
Las guerras generan impactos que trascienden el campo de batalla. Los incendios forestales provocados por explosiones y bombardeos destruyen reservas naturales enteras. La contaminación del suelo y del agua por combustibles, metales pesados y municiones pone en riesgo la salud humana y animal.
Además, el desplazamiento masivo de personas causa presión sobre ecosistemas frágiles, donde se establecen asentamientos sin infraestructura adecuada. Esto acelera la deforestación, la sobreexplotación de recursos y la pérdida de hábitats.
La reconstrucción posterior también tiene un costo ambiental alto: millones de toneladas de escombros, residuos y materiales peligrosos requieren tratamiento especial para evitar una nueva ola de contaminación.

Beneficios de reconstruir con enfoque ecológico
La recuperación ambiental tras un conflicto puede convertirse en una oportunidad para la paz y la resiliencia. Restaurar los ecosistemas y garantizar un manejo sostenible de los recursos naturales ayuda a reconstruir economías locales y reducir la dependencia de la ayuda humanitaria.
Un enfoque ecológico en la reconstrucción fomenta la seguridad alimentaria, impulsa empleos verdes y mejora la calidad del aire y del agua. Además, fortalece la cohesión social al ofrecer a las comunidades un objetivo común: cuidar el entorno que comparten.
La ONU subraya que invertir en adaptación climática y gestión ambiental tras la guerra no solo protege el planeta, sino que también allana el camino hacia una paz duradera y sostenible.

