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Energías renovables en Uruguay: el 98% de su electricidad ya es limpia

El país consolidó una transformación energética que lo posiciona entre los modelos más destacados de América Latina. La combinación de energía hidráulica, eólica, biomasa y solar permitió reducir drásticamente la dependencia de combustibles fósiles y avanzar hacia una matriz eléctrica de bajas emisiones.

Uruguay se ha convertido en uno de los ejemplos más relevantes de transición energética en América Latina. En un proceso sostenido durante las últimas dos décadas, el país logró transformar profundamente su sistema de generación eléctrica, incorporando fuentes renovables a gran escala y reduciendo la participación de los combustibles fósiles.

Los resultados más recientes confirman la consolidación de ese modelo. Durante 2025, el 98% de la electricidad generada en Uruguay provino de fuentes renovables, según datos del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM). La generación hidráulica lideró la matriz, seguida por la energía eólica, la biomasa y la solar.

La distribución de la generación eléctrica renovable en 2025 fue la siguiente:

  • 46% hidroeléctrica
  • 34% eólica
  • 14% biomasa
  • 4% solar

La generación basada en combustibles fósiles representó apenas el 2% del total. Estos resultados consolidan una transformación que comenzó mucho antes de la actual expansión global de las energías limpias.

Una transformación energética sostenida

El cambio de matriz energética uruguaya no fue resultado de una única tecnología ni de una coyuntura favorable. Se apoyó en una estrategia de largo plazo, con planificación estatal, inversiones en infraestructura, participación de empresas privadas y desarrollo de nuevas capacidades de generación.

La energía hidroeléctrica, históricamente importante en Uruguay, encontró un complemento estratégico en la expansión de parques eólicos. A ello se sumó la generación eléctrica a partir de biomasa, especialmente vinculada a la actividad industrial y forestal, y una creciente incorporación de energía solar fotovoltaica.

Esta diversificación permitió disminuir la vulnerabilidad frente a las fluctuaciones internacionales de los precios de los combustibles y mejorar la seguridad del abastecimiento eléctrico.

El viento como protagonista

La energía eólica ocupa un lugar central en el sistema uruguayo. La instalación de parques eólicos en diferentes regiones del territorio permitió aprovechar un recurso natural abundante y convertirlo en una fuente significativa de electricidad.

La expansión de esta tecnología fue acompañada por el desarrollo de infraestructura de transmisión y mecanismos de contratación que facilitaron la participación de inversores privados.

La energía eólica representa, además, una de las principales oportunidades para continuar profundizando la descarbonización del sistema energético y desarrollar nuevas actividades vinculadas a la producción de hidrógeno verde.

Biomasa: energía y aprovechamiento industrial

Otro componente destacado de la matriz uruguaya es la biomasa. Los residuos y subproductos de actividades industriales, particularmente del sector forestal, se utilizan para generar electricidad y calor.

Este aprovechamiento permite integrar producción industrial y generación energética, valorizando recursos que de otra manera podrían convertirse en residuos.

La experiencia también demuestra que la transición energética no depende exclusivamente de grandes parques solares o eólicos: la integración de procesos industriales, recursos locales y tecnologías de aprovechamiento energético puede desempeñar un papel importante.

Exportar electricidad renovable

La transformación energética también abrió oportunidades comerciales. Uruguay logró exportar electricidad a países vecinos en períodos de excedentes de generación, especialmente cuando las condiciones hidrológicas y eólicas resultan favorables.

En 2025, aproximadamente el 8% de la electricidad generada fue exportada, según información oficial.

Esta capacidad contribuye a fortalecer la integración energética regional y demuestra que las energías renovables pueden constituir no solamente una herramienta ambiental, sino también una oportunidad económica.

Los desafíos de la segunda transición

Aunque Uruguay alcanzó resultados extraordinarios en generación eléctrica, el desafío energético todavía está lejos de terminar.

La electricidad constituye solamente una parte del consumo energético total. El transporte, buena parte de la industria y otros sectores continúan dependiendo de combustibles fósiles.

Por eso, el próximo capítulo de la transición energética apunta a electrificar actividades que todavía utilizan petróleo y derivados, mejorar la eficiencia energética, expandir la movilidad eléctrica y desarrollar tecnologías capaces de aprovechar los excedentes renovables.

En ese escenario, el hidrógeno verde y sus derivados aparecen como alternativas para descarbonizar sectores industriales y de transporte difíciles de electrificar directamente.

Un modelo regional con lecciones para América Latina

La experiencia uruguaya demuestra que una transición energética profunda requiere planificación, continuidad institucional, inversión y una combinación adecuada de tecnologías.

También evidencia que los recursos naturales, por sí solos, no garantizan el éxito: es necesario construir políticas públicas capaces de transformar esos recursos en infraestructura, producción y beneficios ambientales.

Con una matriz eléctrica prácticamente descarbonizada, Uruguay enfrenta ahora una nueva etapa: trasladar ese avance al conjunto de su economía y consolidar un sistema energético más eficiente, competitivo y sostenible.

Su experiencia constituye una referencia para América Latina, una región con importantes recursos solares, eólicos, hidráulicos y de biomasa, y con un potencial significativo para acelerar la transición hacia energías limpias.

Fuentes: Ministerio de Industria, Energía y Minería de Uruguay (MIEM); Presidencia de Uruguay; Balance Energético Nacional.