
La electrificación mundial debe cuadruplicar su ritmo para llegar al 35% en 2035
La electrificación mundial tendrá que acelerar casi cuatro veces su ritmo para que la electricidad represente el 35% del consumo final de energía en 2035, uno de los grandes objetivos que llega a la COP31. Con las políticas actuales, el mundo se quedaría alrededor del 28%.
Climate Action Tracker sitúa la electricidad en cerca del 24% del consumo energético final mundial en 2023. Para alcanzar el denominado objetivo “35 by 35”, esa participación tendría que crecer aproximadamente un punto porcentual cada año hasta 2035, frente a un avance histórico mucho más lento.
Las políticas actuales dejarían la electrificación en el 28% en 2035, siete puntos por debajo del objetivo de la COP31
La diferencia entre ambas trayectorias muestra la dimensión económica del desafío. No se trata únicamente de producir más electricidad, sino de conseguir que esa electricidad sustituya directamente tecnologías que actualmente funcionan con combustibles fósiles.
Del 24% al 35% en poco más de una década
El escenario analizado implica elevar en unos 11 puntos porcentuales la participación de la electricidad en el consumo final mundial entre 2023 y 2035. De mantenerse las políticas ya aprobadas, el incremento sería de apenas cuatro puntos, hasta aproximadamente el 28%.
La carrera mundial por electrificar la economía
| Escenario | Cuota de electricidad en el consumo final |
|---|---|
| Situación mundial en 2023 | Cerca del 24% |
| Políticas actuales en 2035 | Alrededor del 28% |
| Objetivo COP31 para 2035 | 35% |
| Trayectorias compatibles con París en 2035 | 34%-41% |
| Trayectorias compatibles con París en 2050 | 54%-68% |
Alcanzar el 35% supondría, además, un grado de transformación económica mayor de lo que refleja inicialmente la cifra. Las tecnologías eléctricas suelen consumir mucha menos energía que sus equivalentes fósiles. Un coche eléctrico convierte una proporción mucho mayor de la energía en movimiento que un vehículo de combustión y una bomba de calor puede proporcionar varias unidades de calor por cada unidad de electricidad utilizada.
Por este motivo, una electricidad equivalente al 35% del consumo energético final podría representar aproximadamente dos tercios de los servicios energéticos electrificados cuando se tiene en cuenta la mayor eficiencia de las tecnologías eléctricas.
El transporte parte de apenas un 2% de electrificación y concentra uno de los mayores desafíos de transformación hasta 2035
La electrificación tampoco avanzará al mismo ritmo en todos los sectores. El transporte aparece como el principal rezagado, mientras los edificios y la industria parten de niveles considerablemente superiores.
El coche eléctrico concentra el mayor salto
El transporte apenas tenía electrificado cerca del 2% de su consumo energético. Para entrar en una trayectoria compatible con los objetivos climáticos debería alcanzar entre el 11% y el 17% en 2035 y entre el 45% y el 57% en 2050.
El cambio dependerá fundamentalmente de la sustitución de vehículos de gasolina y diésel por vehículos eléctricos, pero también de inversiones paralelas en puntos de recarga, redes de distribución y capacidad de generación.
Los sectores ante el objetivo de electrificación
| Sector | Situación aproximada actual | Objetivo 2035 | Trayectoria 2050 |
|---|---|---|---|
| Transporte | Cerca del 2% | 11%-17% | 45%-57% |
| Edificios | Alrededor del 35% | 50%-57% | 74%-83% |
| Industria | Cerca del 30% | 34%-46% | 42%-62% |
Los edificios parten de una posición más avanzada, con aproximadamente un 35% de electrificación. El principal motor adicional serán las bombas de calor, junto con la sustitución de sistemas de calefacción y cocina basados en gas y otros combustibles.
La industria afronta un reto diferente. Una parte considerable de los procesos de baja y media temperatura ya puede electrificarse, pero sectores intensivos en energía necesitan nuevas tecnologías para sustituir combustibles fósiles en actividades que requieren temperaturas elevadas.
Redes, almacenamiento e interconexiones tendrán que crecer antes que la demanda para evitar que la electrificación choque con límites físicos
Precisamente ahí aparece uno de los principales riesgos económicos de la estrategia. El despliegue de vehículos eléctricos, bombas de calor y nuevas instalaciones industriales puede avanzar más deprisa que las infraestructuras necesarias para alimentarlos.
Las redes eléctricas se convierten en la inversión crítica
La transición necesitará una ampliación anticipada de las redes de transporte y distribución, acompañada de nuevas interconexiones, almacenamiento energético, sistemas de gestión de la demanda y capacidad flexible.
Esperar a que aparezca la demanda para comenzar después las inversiones puede crear cuellos de botella que retrasen conexiones industriales, nuevos proyectos renovables o infraestructura de recarga. La red pasa así de ser una infraestructura que sigue al crecimiento del consumo a convertirse en una condición previa para que pueda producirse.
El desafío es particularmente importante porque electrificar la economía mientras se descarboniza simultáneamente el sistema eléctrico obliga a desarrollar dos transformaciones en paralelo: aumentar el volumen de electricidad disponible y reducir las emisiones asociadas a su producción.
El objetivo tampoco puede cumplirse simplemente aumentando el consumo eléctrico. Un crecimiento de la demanda procedente de centros de datos, por ejemplo, elevaría estadísticamente la presencia de la electricidad en la economía, pero no supondría necesariamente que se estuvieran sustituyendo petróleo, carbón o gas.
Aumentar el consumo eléctrico no basta: la reducción de emisiones exige sustituir directamente tecnologías alimentadas por combustibles fósiles
La procedencia de esa electricidad será igualmente determinante. Una electrificación basada en nueva generación fósil podría reducir buena parte de sus beneficios climáticos y prolongar la dependencia del carbón o el gas.
Renovables y electrificación deberán avanzar juntas
La transformación planteada para 2035 conecta directamente con otro de los grandes compromisos internacionales de esta década: el aumento acelerado de la capacidad de energías renovables y la mejora de la eficiencia energética.
Más vehículos eléctricos, calefacción eléctrica e industria conectada a la red elevarán la demanda, pero simultáneamente la expansión renovable tendrá que cubrir ese crecimiento y sustituir parte de la generación fósil existente.
Esta combinación explica por qué el objetivo del 35% tiene consecuencias que van mucho más allá del sector eléctrico. Afectará a fabricantes de automóviles, constructoras, empresas industriales, operadores de redes, compañías energéticas, productores de baterías y administraciones encargadas de autorizar y financiar las nuevas infraestructuras.
El resultado será una reasignación progresiva de inversiones desde tecnologías asociadas al petróleo y el gas hacia redes eléctricas, renovables, almacenamiento, movilidad eléctrica y equipos capaces de sustituir combustibles fósiles.
La COP31, que comienza el 9 de noviembre en Antalya, afrontará así una discusión que ya no gira únicamente en torno a cuántos gigavatios renovables puede instalar el mundo. El verdadero reto será conseguir que esa electricidad llegue a los automóviles, las viviendas y las fábricas con suficiente rapidez como para desplazar los combustibles fósiles.
Con las políticas actuales, el mundo llegaría a 2035 con aproximadamente un 28% de electrificación. Alcanzar el 35% obliga a cubrir siete puntos adicionales en apenas nueve años y convierte a las redes, el transporte y la industria en algunos de los principales campos de inversión de la próxima década.
