ActualidadEmpresasNoticias

El maíz argentino mantiene un fuerte ritmo comercial, mientras el USDA suma 7,2 millones de toneladas a los stocks de EE. UU.

El mercado de granos atraviesa una semana marcada por la fuerte revisión al alza de las existencias de maíz en Estados Unidos, la demanda internacional de harina de soja y la incertidumbre sobre los embarques de trigo desde el Mar Negro. En Argentina, el maíz mantiene un ritmo comercial superior al habitual, mientras avanza la siembra de la nueva campaña y el trigo se prepara para ingresar en la cosecha, con el desafío de sostener los precios ante una posible recuperación de las exportaciones rusas y ucranianas.

Maíz: actividad comercial elevada en Argentina pese a la baja de precios

El último informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) sorprendió al mercado al elevar en 7,2 millones de toneladas las existencias finales de maíz estadounidense para la campaña 2026/27, hasta los 47 millones de toneladas. La cifra superó en 4,5 millones de toneladas las expectativas de los analistas y generó una fuerte corrección bajista en los precios.

El ajuste respondió tanto a un mayor stock inicial como a una proyección de producción superior a la prevista. El organismo estimó una cosecha estadounidense de 406,42 millones de toneladas, casi 6 millones más que en el cálculo anterior, cuando el mercado esperaba una reducción de los rindes.

Sin embargo, Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, advierte que existen factores que podrían limitar nuevas bajas. “La menor producción europea por la ola de calor, la ausencia de Ucrania y la firmeza de la demanda pueden encontrar pisos para las bajas”, señala.

En Argentina, la comercialización continúa mostrando fortaleza. El lineup (la programación de buques para cargar mercadería) alcanza 2,1 millones de toneladas, frente a un promedio histórico de 1,3 millones para esta altura del año. A esto se suma un ritmo sostenido de descarga, con cerca de 2.700 camiones semanales en promedio.

Las ventas de los productores también se mantienen adelantadas: el 58% del maíz ya se encuentra vendido con precio fijado, frente al 49% del promedio histórico y al 42% registrado a esta altura del año pasado. Si se incorpora la mercadería comprada a fijar, la originación llega al 65%, por encima del 59% habitual.

No obstante, la caída de las cotizaciones comenzó a moderar las ventas. En la semana cerrada el 30 de septiembre, las operaciones alcanzaron las 750.000 toneladas, por debajo del millón de toneladas que se había superado durante varias semanas consecutivas.

En cuanto a la nueva campaña, la siembra cubre el 29,9% de las 8,4 millones de hectáreas proyectadas, con un avance de 7,7 puntos porcentuales en la última semana y cuatro puntos por delante del ciclo anterior. Las lluvias recientes mejoran la disponibilidad de humedad en buena parte de la región agrícola, aunque las bajas temperaturas generan atención. Por el momento, no se reportan problemas de emergencia en los lotes implantados.

En soja, la harina se consolida como el principal sostén de los precios, impulsada por las compras europeas y la búsqueda de stocks preventivos ante la posible entrada en vigor de nuevas exigencias ambientales. Las exportaciones estadounidenses de harina alcanzan 1,4 millones de toneladas semanales, frente a las 162.000 toneladas de la semana previa y muy por encima del rango habitual de entre 500.000 y 800.000 toneladas.

En Argentina, el lineup de harina de soja se ubica en 1,5 millones de toneladas, luego de haber alcanzado registros de 1,7 millones durante varias semanas, frente a un nivel normal cercano a 1,1 millones. La industria mantiene buenos márgenes de molienda gracias al interés por este subproducto.

Sin embargo, esa demanda no se traduce necesariamente en una mayor competencia por la soja disponible. “Las fábricas vienen moliendo con buen margen fruto del interés por harina, pero logran alimentarse bien con lo que compran localmente y las importaciones transitorias. Nada indica que vayan a salir a pagar sobreprecios”, explica Romano.

Las ventas de productores alcanzan el 48% de la producción con precio fijado, en línea con el promedio histórico del 49% si se excluye el año pasado, cuando la eliminación temporal de los derechos de exportación aceleró extraordinariamente las operaciones. Al incluir la mercadería a fijar, la exportación y la industria llevan originado el 61%, frente al 63% habitual.

Otro factor que gana relevancia es la trazabilidad. Los compradores buscan soja con certificaciones que permitan acreditar el cumplimiento de exigencias ambientales, entre ellas VISEC, alineada con los requerimientos de la normativa europea EUDR, además de 2BSVS y EPA. La disponibilidad de mercadería certificada se vuelve así un elemento importante para acceder a determinados mercados.

En Estados Unidos, el informe del USDA también resultó moderadamente bajista para la oleaginosa: elevó la producción proyectada a 124,2 millones de toneladas y las existencias finales a 8,6 millones. A nivel mundial, los stocks finales quedaron en 124,3 millones de toneladas, un millón por encima de lo esperado por el mercado.

Trigo y escenario internacional: el Mar Negro define el potencial de los precios

En trigo, el principal factor de incertidumbre es la continuidad de los ataques y las dificultades logísticas en el Mar Negro. Si bien Rusia y Ucrania buscan redirigir sus embarques a través de otros puertos, como los del Báltico y el Danubio, las interrupciones mantienen en alerta al mercado internacional.

El USDA redujo en tres millones de toneladas su proyección de exportaciones rusas para la campaña 2026/27, hasta los 40 millones, frente a los 48 millones embarcados en el ciclo anterior. Sin embargo, la disponibilidad global de trigo y la posibilidad de utilizar rutas alternativas limitan la certeza sobre cuánto puede prolongarse el efecto alcista.

“Será clave que Rusia y Ucrania sigan limitadas en sus exportaciones para sostener estos precios”, advierte Romano.

En Argentina, los lotes presentan una condición entre buena y excelente en el 64% de la superficie. Las primeras estimaciones anticipan rindes superiores al promedio de las últimas cinco campañas en buena parte del país, aunque repetir la productividad excepcional del ciclo anterior será difícil.

El desafío comercial es significativo: quedan alrededor de 5 millones de toneladas de trigo de la campaña pasada en poder de los productores, que se sumarán a la oferta de la nueva cosecha. Si la producción alcanza los 21 millones de toneladas proyectados, la disponibilidad total rondaría los 26 millones.

Las declaraciones juradas de ventas al exterior suman 17,1 millones de toneladas, por debajo de las 18 a 19 millones que se contemplaban en los balances de oferta y demanda. Aunque la menor presencia rusa favorece las ventas argentinas, el volumen comprometido y las compras ya realizadas por los exportadores reducen la necesidad de salir a competir agresivamente por mercadería.

Brasil representa una oportunidad adicional para el trigo argentino. Con una producción estimada en 5,8 millones de toneladas, frente a los 7,9 millones del ciclo anterior, el país podría necesitar importar 7,5 millones de toneladas. Las lluvias complican la cosecha brasileña y afectan la calidad del grano, lo que podría incrementar sus necesidades de abastecimiento.

Aun así, la cercanía de la cosecha argentina introduce un riesgo: la presión estacional de ventas puede coincidir con una eventual normalización de los embarques desde el Mar Negro. Por eso, la continuidad de las restricciones logísticas y la demanda externa serán determinantes para sostener las cotizaciones locales.

El escenario internacional también sigue condicionado por los conflictos en Medio Oriente. Las novedades sobre el petróleo y los intentos diplomáticos de reducir las tensiones generan movimientos en los mercados energéticos, mientras continúan los ataques a buques, refinerías e instalaciones vinculadas al comercio de granos.

En este contexto, Romano anticipa un mercado con volatilidad, en el que la evolución de los conflictos, la capacidad de reorientar los embarques y el comportamiento de la demanda serán determinantes para los precios de los principales granos.